
Querido Antonio:
Permíteme que te deje aquí, como testimonio, que somos muchos quienes no entendemos y cuesta mucho aceptar que, así, sin más,… te hayas ido. Y sólo señalaré alguna cuestión de entre las muchas que venías desarrollando, -sería interminable la lista-, ya que, como asesor técnico y responsable, en
Quienes te han tratado en el trabajo y en la relación personal y cercana, saben, sabemos que no es tu estilo irse así, porque siempre has ido un paso por delante, escuchas y aguantas hasta el final y también después. Por eso el impacto es fuerte al igual que el dolor, porque tú que lo piensas, llevas y trabajas todo, no nos has avisado de tu partida. Y te has ido. Por eso, te decimos, sin reñirte, que partir tú solo, de este modo ¡…eso no se hace!
El dolor de tu esposa, de tus hijos, de tus padres y de tus hermanos no tiene medida: te conocen bien, porque además del innegable cariño, te han tenido muy cerca y saben de ti, de tus desvelos familiares y del cumplimiento de tus obligaciones.
También hay dolor en la amistad y en quienes han compartido trabajo contigo, en la exploración de nuevos horizontes, de adecuaciones a los tiempos y a las instituciones, del uso y aplicación de tecnología y de nuevas formas. De tantos frentes abiertos que has dejado sin cerrar…
En una ocasión, hablando de asuntos laborales y de la cantidad de horas que le dedicabas más allá del horario fijado, te mostraste reacio a admitir cualquier halago por tus tareas:
- Las cosas hay que hacerlas, y cada cual en el sitio en que le toque. Esto es sólo un trabajo, -decías.
Hay personas que señalan y resaltan, entre otras, dos características muy tuyas. Una, la enorme capacidad de trabajo con abnegación que has desplegado para buscar resultados óptimos de los objetivos de la institución; y la otra es que no has sido indiferente a nadie: o se te quiere y reconoce, o se te objeta y cuestiona, pero tus propuestas se han estimado todas, tanto por quienes las han aceptado como por quienes las han recusado. Sin que haya nadie que te haya ignorado. Y de ahí surge la tercera característica: seguir adelante, sin desaliento, creyendo en lo que haces y con optimismo razonable no utópico. Ese eres tú, Antonio.
Ejercías de mediador con vocación, desplegando y procurando que fueran prácticas las directrices oficiales, lo que da un valor extremo a tu entrega verdadera. Y te has ido,… con la discreción que también te caracteriza. Y nos has dejado interrogantes y vacío. Tú que, en la buscada y perseverada calidad de las actuaciones y de la ordenación de actividades mediante catálogo, -por señalar dos asuntos- buscabas y tenías respuestas y salidas -gustaran o no, convinieran o incomodaran- para las dificultades y los obstáculos que iban surgiendo,… nos privas de tu accesibilidad: y se nos quedan aquí las preguntas, de todo tipo.
Y te has ido, extrañamente, porque no nos explicamos como no has podido mantener el pulso contra el destino.
Seguramente has acudido a la llamada de alguien, en otra dimensión vital, que desde aquí no acertamos a definir ni describir, para que planifiques y te atrevas a proponer métodos y soluciones a algún problema organizativo y de alcance de resultados que por allí tengan, porque han sabido de ti, que tienes claves para marcar nuevos caminos y los recursos: te han llamado unas voces comprometidas con la realidad y tú has acudido sin resistirte.
Porque, eso sí, los envites y las incitaciones nunca los has rehuido. Por eso sé que habrás empezado a pensar en las nuevas tareas, sobre todo ya estarás diseñando el manual del que deben disponer los nuevos que lleguen por donde tú estás, para que les sea más fácil la adaptación al nuevo entorno al que te has ido y en el que seguro que estás por ayudar con agrado a aquellos que se inicien en el nuevo oficio. Aunque desde aquí te decimos que descanses activamente, todo lo que puedas, porque seguro que te encargan cosas que no serán nada fáciles de resolver. Y que, ahora, sin plazos y sin prisa, hagas lo que quieras y practiques todos tus deportes favoritos.
Pero que sepas que nos has dejado desarraigados en el camino. Y ahora nos toca enfrentarnos, desde la propia conciencia, a las precariedades de la realidad. Porque lo cierto es que para andar estos caminos de la institución se precisa disponer de un repertorio de ideas claras, que aquí nos dejas. Tenemos que abrir bien los ojos y tener el alma en vela, tomando de ti, cada cual como pueda o como quiera, los ejemplos que has sembrado, desde tu mirada personal.
La institución y tus compañeros y compañeras, muchos de ellos amigos, te tienen presente. Por ser quien eres y por tu inquietud coherente con toda tu labor, porque desde el principio preferiste buscar, con tus preguntas y tus desvelos, en el territorio donde alcanzar lo conveniente y lo mejor, en vez de refugiarte bajo el estricto cumplimiento y la comodidad ordinaria.
Tu lejanía y la evidencia de que nos dejas, debe invitarnos a retener tu aliento y reconocer lo que de calidad y de verdad humana hay en tu trabajo.
Donde quiera que estés y lo que hagas, seguro que lo llevarás con dignidad y siempre nos echarás una mano.
Lo sabemos. Aquí nos tienes.