jueves 7 de enero de 2010

EL 6 DE ENERO ES NOCHEBUENA… y el 7, NAVIDAD…


Z_RIZDEVOM JRISTOVIM (Feliz Navidad, en ucraniano)

Y entre el 6 y el 19 de enero, cada vez que se encuentran, se saludarán diciendo:

Jristos rodivisia (“Cristo ha nacido”), (todo esto dicho en una por mí improvisada y arbitraria transliteración pretendidamente fonética)

Sabemos que el cristianismo ortodoxo está establecido en Grecia, la Europa oriental, Rusia, Ucrania y otros países eslavos. Sus practicantes saben que cada 6 de enero es Nochebuena, trece días más tarde que por aquí.

Mis vecinos de la casa de al lado son de Ucrania. Llevan ya varios años en Murcia, trabajando en lo que pueden, para tratar de iniciar una vida más prometedora (son jóvenes) con la energía que da disponer de más dinero que allá, ahorrando aquí y volver a su Kiev natal.

Viven en un breve apartamento de alquiler. Pero, aún así, les da para reunir a los pocos familiares ucranianos, también residentes en Murcia, que comparten necesidad, ilusión y algún proyecto de mejora sustancial de vida, en esta Noche que, al igual que para los de Europa y en el occidente geográfico del planeta lo fue el 24 de diciembre, es tiempo de reunión solemne y familiar, en torno a la comida y bebida mesuradas, a la vez que llenas de significado.

Desde hace varios años, suelen invitarme, en esta Noche, a su mesa y conversación, con lo que me siento muy honrado de tal consideración y acogida. Y es por lo que, en esta ocasión, doy aquí cuenta de este acontecimiento, que ellos mismos me van describiendo, pues hablan un castellano bastante fluido.

Llamo a su puerta. Me abren y, tras los saludos y presentaciones procedentes, pasamos a acercarnos a la mesa, dispuesta con los manjares especiales para la ocasión.

Antes de sentarnos, Svetlana, la anfitriona, toma un vaso de vino y un trozo de pan que coloca tras unos libros: son para los antepasados y para aquellos que ya no están entre los vivos. Esta acción es seguida por todos los asistentes en un profundo silencio, que continúa cuando la misma señora se santigua tres veces al modo ortodoxo y, en ucraniano, reza el Padrenuestro y, a su término, pronuncia unas breves palabras que recogen el sentido de la reunión en esta noche. Tras ello, se acerca a la mesa y sirve vino blanco ucraniano en las copas. Iván, su marido, levanta la copa y pide a todos que brindemos por los familiares ucranianos. Tras este brindis, nos sentamos.

Cerca de la mesa hay tres panes y un recipiente con sal, que descansan sobre paja limpia e intocada, acompañada todo de la vela encendida: el pan y la sal que compartir, la casa y la vida.

Es el momento de ir participando de los alimentos dispuestos ya en la mesa. El plato central tradicional y obligado en Navidad es la Kutyá, y sus ingredientes son trigo preparado, nueces, semillas de amapola, miel, azúcar y agua. De su simbolismo podemos extraer que es como una plegaria para que durante un año no falte ninguno de sus componentes. Se come compartido: todos tomamos con nuestra cuchara del cuenco que lo contiene. Hasta la Navidad próxima no se volverá tomar. (Aunque también es costumbre que la dueña de la casa haga mucha cantidad, para que sobre y que cada comensal, al abandonar la casa, se lleve un pequeño recipiente y lo siga degustando al día siguiente en su casa).

Además del imprescindible kutyá, en la mesa hay 12 variedades de alimentos preparados por quien nos da acogida: uno por cada apóstol de Cristo. Hay pescado cocinado o salado, empanadas vegetales, ensaladas y verduras. No hay carne, porque es noche de comida sencilla y ligera. Así me lo dicen.

Durante la cena hablamos de cuestiones diversas, desde el intenso frío en Ucrania y lo templado de Murcia hasta de las costumbres tan distintas en uno y otro país. Y de las diferencias entre la celebración ucraniana y la española.También sale a la conversación la formación académica de cada cual. Así, Svetlana es economista de grado medio universitario pero aquí es empleada de servicio doméstico. Su marido (hombre habilidoso en instalación y mantenimiento de aire acondicionado, instalaciones eléctricas y otras actividades concomitantes) tiene los estudios equivalentes a lo que pudiera ser un tercer ciclo de Electricidad en la Formación Profesional de España. Bogdan, el hermano de Iván, es ingeniero técnico en tecnologías medioambientales y alternativas. Petre es mecánico titulado y en España conduce un camión. Las otras dos mujeres se llaman Olga ambas. Una, la madre de Iván, tiene estudios equivalentes al bachillerato español; aquí trabaja en una fábrica de conservas. Y la otra es diplomada en Arte, pero en Murcia trabaja de cuidadora interna en casa de unos eclesiásticos católicos.

También hablamos de política, ¡cómo no! Pero esto mejor dejarlo sin contar; no por nada, sino porque, al sacarlo de contexto, pudiera ser inadecuadamente entendido o no muy ajustadamente interpretado; teniendo en cuenta la diferente historia de cada territorio. Pero, eso sí, puedo decir que resultó bastante animada, ya que son conocedores de ambos sistemas políticos. Y de los efectos de la tan consabida crisis.

Después se habló de cuestiones más ligeras, con relato de anécdotas ocurridas en sus lugares de trabajo, o cuando les confunden con gente de otras nacionalidades. Porque como, además de ucraniano, tuvieron que aprender ruso, cuando hablan con otras personas del Este europeo se les adjudica la misma procedencia o patria. Todo ha resultado muy animado, incluso divertido.

La noche avanza y no puede hacerse larga. Todos hemos de madrugar al día siguiente, aunque para ellos sea Navidad. Han evocado su tierra en la que se reconocen, también a quienes echan de menos, destapando el pequeño baúl emotivo que contiene todo ello. En sus miradas y en sus palabras late la ambición por mejorar y regresar, los buenos propósitos, aunque manifiesten que en Murcia se encuentran bien. Se abrió la noche con la conversación llena de confianza amistosa, de convivencia en las diferencias, de confluencia en humanidad. Para mí ha sido un privilegio.

viernes 1 de enero de 2010

CONCIERTO DE AÑO NUEVO, DESDE VIENA




Se podría comenzar con un apunte para la reflexión sobre el hecho musical, a la vez extraño y maravilloso. Hay innumerables y razonadas teorías sobre el nacimiento y el por qué de la Música, de la que seguimos opinando que es un lenguaje sorprendente, completo y no exento de misterio encantador sobre su necesidad y consuelo ante los avatares de la vida. Y que la Música puede ser interpretada en múltiples y heterogéneas expresiones. La de hoy está impregnada de delicias acarameladas y de seducción placentera, en un juego desenfadado.
En este 1 de enero, una vez más, la Sala Dorada del Musikverein vienés ha acogido la bienvenida musical al nuevo año con el tradicional concierto que ofrece la Filarmónica de Viena.
Escribir de ello es también contribuir, al fin y al cabo, a la mayor gloria del Concierto, que no necesita precisamente de ecos muy modestos, como puede ser éste. Pero también hay que concederse este tipo de placeres.
1.- El programa.

La apertura del concierto ha supuesto comenzar en la cumbre, con la opereta Die Fledermaus, (El Murciélago,
http://www.youtube.com/watch?v=4YBhKx1bkEM&feature=related), de Johann Strauss hijo. Además de la alegría musical, es una llamada optimista a la superación de las dificultades personales y sociales.
Ya se cuenta con que el Concierto de Año Nuevo ha de ser amable, agradable y desenfadado, con polcas y los valses de la familia Strauss (Johann, padre e hijo, Josef y Eduard). Así, hemos gozado con Corazón de mujer”, “Vino, mujeres y canciones”, donde puede apreciarse las descripciones y expresiones de lo tempestuoso a la vez que alegre, de lo fogoso en el amor y en la danza. En este tono, cabe destacar tanto “En los Bosques de Krapfen”, con estilo bucólico a través de los cantos de pájaros (digámoslo: ‘instrumentación ornitológica’); y, para cerrar la primera parte, el “Perpetuum mobile” (el móvil perpetuo, como máquina hipotética que sería capaz de continuar funcionando eternamente), donde los diferentes instrumentos se han ido relevando en mantener el movimiento continuo, hasta que Geogres Prêtre ha mandado parar diciendo: “Etc., etc.,… ya es suficiente…”. Y ¿qué decir, ya en la segunda parte, de los “Bombones de Viena”, música dulce que se materializa en la mirada a los expositores de las confiterías vienesas que nos han mostrado? Lo mismo que la sensual música de la obertura de “Las alegres comadres de Windsor”, de quien fue fundador y primer director de la Filarmónica, Carl Otto Nicolai (1842–1848), y la variación sobre “Las sirenas del Rhin”, con la música que apunta a la barcarola de Offenbach, con su mecido que se alterna desde los oboes y clarinetes, pasando por los metales hasta la cuerda,(
http://www.youtube.com/watch?v=KEiZ-J97O5A&feature=related).
Y, claro está, todo con estas maneras y pátinas afables y almibaradas, en las que no desmerece en esta delicada línea la inclusión de dos aderezadas piezas de ballet, trenzadas en los fastuosos salones del Museo d
e Historia del Arte de Viena que han mostrado las cámaras.

Concluido el programa oficial, se ha interpretado, como propinas, la polca “A la caza” para, a continuación, los acordes del vals por antonomasia, El Danubio Azul, (http://www.youtube.com/watch?v=oPDVfTyJTzE&feature=related), con las imágenes del recorrido del río. Para concluir con la animada Marcha Radetzky, en la que palmean los asistentes.

2.- El Director.
Dirigir el Concierto de Año Nuevo supone uno de los mayores reconocimientos en el mundo de la música clásica. En Viena se considera y reverencia a quien dirige la orquesta. (Así lo hemos visto en el reportaje documental en torno al Concierto).
En esta ocasión, por segunda vez, el francés Georges Prêtre vuelve a ponerse al frente, quien a sus 85 años es el de mayo
r edad de los directores del famoso concierto. Prêtre tiene oficio, y los años de experiencia le permiten, sin problemas, dirigir de memoria y tarareando las notas y claves, mostrándose histriónicamente, con marcada gesticulación; por lo que, además de dirigir, se lo pasa bien, por lo que sólo ha usado la batuta en contadas ocasiones en que la precisión instrumental lo requería.

3.- Documental y glamour.
La ausencia de publicidad en la retransmisión ha permitido ver la emisión completa. El interesante documental ha mostrado aspectos de cómo se hace este espectáculo, desde los ensayos musicales al proceso de diseño y confección de los elegantísimos y refinados vestuarios que el modisto italiano Valentino ha diseñado para las bailarinas, que lucían un original y llamativo diseño en las piezas coreográficas bailadas desde el Museo de Historia del Arte vienés.
El espectáculo anual se ofrece mediante una muy cuidada organización perfectamente destinada a conseguir dosis crecientes de ceremoniosa gala plena de glamour, expuestas a las miradas y oídos durante dos horas, difundiendo la sensación de un mundo feliz que emana de estos arquetipos musicales.
A la elegancia del vals ha seguido el definitivo y animado fin de fiesta de la Marcha Radetzky, (
http://www.youtube.com/watch?v=YlSDiQjNtuA) durante la que Prêtre se ha desdoblado para dirigir a los músicos en sus compases y al entusiasmado público en las palmas, como memorable fiesta de Año Nuevo.

sábado 26 de diciembre de 2009

“VOLUNTAD Y RESPONSABILIDAD EN HANNAH ARENDT”


Según la pensadora Hannah Arendt, los filósofos no investigan la naturaleza humana sino experiencias humanas. Su investigación consiste en identificar tanto capacidades humanas básicas como rasgos fundamentales del mundo.
Así se dice en una referencia a pie de página del libro presentado en el aula de cultura “Las Claras” (fundación Cajamurcia), el pasado 15 de diciembre. Su autor es Ángel Prior Olmos, catedrático de Filosofía en la Universidad de Murcia, con el título “Voluntad y responsabilidad en Hannah Arendt”, (editado por Biblioteca Nueva, Madrid, 2009).
Dicha así la noticia, con esta formalidad, pudiera hacer replegarse a algunos lectores, y que se sientan ajenos a lo que, desde el título, pueda ofrecerles este volumen.
También, si avisamos de que se trata de volver a recorrer y analizar los orígenes y consecuencias de los gravísimos hechos acaecidos en años centrales del siglo XX -1933/1945- en la Europa civilizada, por los que el mundo se estremeció con los horrores del holocausto y de una guerra mundial; donde hubo significativas y cruciales acciones, inhibiciones e ignorancias más o menos voluntarias, y emergieron diferentes y contradictorias actitudes éticas ante la humillación y muerte de millones de seres humanos por agentes del poder nazi y sus cómplices, puede ser que no se desee recorrer ese itinerario tan estremecedor.
Pero está ahí, con sus consecuencias éticas. Ignorarlo es desconocerlo y, dejándolo a la intemperie del paso del tiempo, puede conducir a considerar que es algo ajeno a las personas del siglo XXI, para quienes todo ello queda difuso en la lejanía del pasado. Se ha dicho y escrito muchas veces que olvidar la historia es una condena a repetirla.
Es cierto que no estamos ante un libro destinado al gran público. Es un texto para la observación, el análisis y el debate abierto entre personas y profesionales en la ponderación de hechos y actitudes y de sus planteamientos éticos.
Más que de divulgación, este libro contiene itinerarios sobre los que investigar desde la perspectiva que da el paso del tiempo, aportaciones por las que volver a pensar en los hechos, en cómo fue posible tal barbarie y, más aún, cómo, ante la novedad de la acciones de extrema violencia organizada contra las personas –es la primera vez que ocurre en la Historia de la humanidad-, cómo los intelectuales adoptaron posturas diversas, enfrentadas y casi irreconciliables.
Sobre los hechos del período de referencia y de los juicios posteriores, reflexionó la pensadora Hannah Arendt, testigo atento de todo ello, poniendo al descubierto el eclipse de la conciencia ante el mal (banalidad del mal) y no sólo por los ejecutores directos, -convencidos de que no tuvieron culpa, ya que ejecutaban órdenes- y, por tanto, hasta considerar la ausencia de responsabilidad tanto en los autores como en el pueblo alemán, ante la magnitud del exterminio de seres humanos. Y que puso en cuestión, además del significado de la convivencia y la práctica de la Ética, el sentido del pensamiento, el por qué y para qué de la filosofía, de la política, del derecho, de la cultura y del arte.
Esto dio origen a debates y controversias que aún perduran y que se hace conveniente abordar, opinar fundamentadamente.
Es lo que hace el autor del libro, Ángel Prior.
En el acto de presentación intervino, en primer lugar, Cristina Sánchez Muñoz, (profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y experta en Hannah Arendt), quien recorrió los aspectos nuevos que aporta y supone la obra La vida del espíritu, (de H, Arendt), considerada por algunos especialistas como confusa e inconclusa, así como la comprensión de los problemas políticos en la construcción de una estructura de pensamiento y acción. También a la reivindicación de la acción política que, para Arendt, nos hace verdaderamente humanos. La profesora Sánchez Muñoz continuó su recorrido y señalamiento de otros temas de Hannah Arendt: el desarraigo, el aislamiento, la responsabilidad y el Mal. Sobre esto último relacionó las obras de la pensadora alemana Eichman o la banalidad del mal y La vida del espíritu, y sus escritos en torno a la
responsabilidad y al juicio.
Sobre la obra que se presenta, Cristina Sánchez señala que A. Prior muestra a una H. Arendt que ha vivido el ocaso del totalitarismo, ya es una situación postotalitaria, en donde puede preguntarse por los efectos políticos del pensar: “¿Qué hacemos cuando no pensamos?”

A continuación, intervino el catedrático de la Universidad Complutense, José Luis Villacañas, quien señaló que el libro de Ángel Prior tiene la virtud de aparecer de una manera libre preocupándose por el presente y sus raíces; y que eso es lo que debe hacer todo libro de Filosofía. Apunta la importancia del capítulo II y su exploración sobre M. Heidegger. Y que el libro que aquí comparece contiene importante materia y vigoroso contenido: el concepto del nuevo delito, la consideración sobre la banalidad del mal y lo que es determinante: ¿cómo vive el mal una sociedad banal? El profesor Villacañas destacó, además de los conceptos del pensar y de la voluntad, la importancia y el acierto de las notas a pie de página en el libro, desplegando un intenso ejercicio intelectual de exposición y relación de los ejes fundamentales del libro de Prior con el pensamiento y los pensadores que concurren (S. Agustín, Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Max Weber,…).

Concluyó el acto con las palabras del autor, Ángel Prior, para quien su libro es un diálogo fascinante con Hannah Arendt, de quien cabía esperar su investigación sobre el juicio y, tras el final de la Metafísica, ¿cómo reconstruir la Filosofía? Señaló también las dificultades de la obra de Arendt en general. En el libro, el autor señala, por una parte, el impacto que causó a Arendt la figura de Eichman, y que se traduce en la expresión ‘banalidad del mal’; y, por otra, las dudas sobre la naturaleza pasiva de la forma de vida contemplativa.
Destacó la importancia de la relación entre moralidad y política, que constituye uno de los temas decisivos de la obra de la autora. Y en cuanto a las conexiones entre las obras Eichman en Jerusalén y La vida del espíritu cabe establecerlas en torno a la cuestión de la responsabilidad (responsabilidad jurídica de Eichman, así como la de todos aquellos que intervinieron en la máquina nazi de la muerte). También la responsabilidad moral de los Consejos Judíos o de los ciudadanos de los países de Europa, en la medida en que se doblegaron o resistieron ante la dominación hitleriana. La base del análisis radica en la idea de “poder no haber hecho lo que se hizo”, lo que remite a las ideas de contingencia y voluntad.
Para terminar con la noticia, saludamos con agrado la aparición de este libro pues, con obras y trabajos como el de referencia, se hace presente y persiste la necesidad ética de ir más allá de lo que vemos, afilar la mirada y traspasar los límites de las apariencias, a través del pensamiento y el diálogo.

domingo 25 de octubre de 2009

EMPEÑOS EN OTOÑO: SUJETAR EL TIEMPO, HABLADURÍAS E INTENSOS COLORES QUE SE DESVANECERÁN.





Cuando está concluyendo octubre y el ambiente ya no es ardoroso como en el mes anterior, declina el ánimo en un recogimiento entre contemplativo y sensual. Adentrados en la estación de los matices de luz irisada, la experiencia del paso del tiempo invita a ser contada con la complejidad de las cosas sencillas. Para transitar por este tiempo, y ponerle la ilusión de la escritura, hace falta vivir sin la urgencia del verano y con la disposición de instantes para pensar en los demás y en uno mismo.

El ser humano mantiene su pulso contra el paso del tiempo, arraigado en el deseo de perdurar, para lo que constantemente proyecta un espejismo de control sobre el ritmo de los días: en primavera se pretende acelerar su marcha acortando el día; en otoño se desea transferir morosidad añadiendo al amanecer una hora, restándola de la luz de la tarde. Es la pasión de convertirse en Cronos, dios del tiempo, para creer que se posee el resorte por el que se someten las transiciones del sol en cada momento. El sueño del ser humano sigue vivo en una burbuja donde quedan suspendidos el tiempo y el espacio, sintiéndose protagonista de su propia historia.
Avanza el otoño y, tras el cambio horario, en la tarde penetra menos luz por la ventana. En el ánimo aparecen, se entrecruzan y se aprecian los más diversos claroscuros del presente, pero sin descuidar que el pensamiento debe seguir iluminado y vivo.

Y así, entre los celajes maduros de la estación, advertimos cómo emergen más claros algunos comportamientos esperpénticos de ‘personajes’ que coexisten en las cercanías de la cotidianeidad y de la actividad habitual. Dependen de la lengua suelta, -ya que no escriben, que es más arriesgado-, por la que inquietan difusamente con su prédica incontinente de moralina: con su ignorancia recubierta de sucedáneos del conocimiento (“esto es así, que yo lo sé” y “¡Me vas a decir tú a mí…!”) difunden temor que les provee, a la vez, de sensación de poder y de placer por sentirse temidos si no se les atiende y acepta en sus diatribas. No es fácil dibujarlos con trazo decidido y estilizado, ya que son cambiantes y sólo se consiguen imágenes desvaídas, porque tales figuras tienen poca consistencia humana: son personajes que ignoran su maldad y sólo se les puede ver como muñecos antropomórficos, más parlanchines que otra cosa, siempre construidos alrededor de sus palabras envenenadas, destinadas a sentirse mejores denostando a otros.
Ya que el mundo les resulta grande, se afanan en dominar lo próximo sembrando inquietudes falsarias. En la desestabilización de los otros se creen alcanzar la firmeza del terreno que pisan. Vierten palabras puntiagudas y con aristas dañosas, que saborean sin más criterio que su antojo o conveniencia menguada, hasta el punto de necesitar camuflar el verde color envidia que habita en sus cuerpos. Como las hojas caídas antes de tiempo. Aparecen como personajes salidos de ninguna página que se han quedado flotando, pendientes sólo de lo indeterminado en su conveniencia, haciendo ley de la casualidad. Que existan es inquietante, pues estorban el desarrollo de las cualidades y valores humanos, a los que parasitan a la vez que les inoculan su ponzoña: son inequívocas muestras de la torpeza humana cuando se ha perdido la cualidad de lo sensato.
Pero ahí las tenemos en su deformidad: ¿cuál es la forma de quienes miran por la espalda pero la boca está en la oreja de otros mientras abonan sin más criterio que su antojo, con el vicio verosímil del desprestigio, el crédito y la imagen de alguien? Desfiguradas imágenes resultantes, posiblemente, de la inclinación de la luz en otoño. Aunque cualquier luz les molesta, pues su razón de ser está en la oscura asechanza. A poco que pensemos, enseguida sabemos quiénes son y dónde están.

Volvamos a la energía del otoño, ya que por la ventana se advierte la silueta azulada de la ciudad que se diluye en las sombras que acortan la tarde. Se escuchan los rumores del viento y algún canto de pájaros. Delicadeza y disonancia se superponen, en una imprevisible melodía, en una apesadumbrada lámina que muestra pinceladas de dulzura a la vez que brochazos de burla y de vacío.
La aparente sencillez se siente en la lentitud contemplativa mientras el fondo musical de la radio la envuelve. Y aunque acabe la música, el otoño no cesa en su estruendo porque haya sobrevenido el silencio. Y nos ofrece los más bellos atardeceres del año; porque no existe espacio sin la presencia de la luz, aun cuando sabemos que en el interior de los humanos hay oscuridades a donde es poco probable que penetre el sol.
Seguimos relatando minuciosamente, cada día, el apego a la naturaleza, atrapados en la presencia del otoño, donde se contiene el tiempo y el conflicto esencial del ser y el existir. De cada vida anónima se espera que cuente lo que pueda contar y que cada relato sirva para iluminar, no para ensombrecer.
En el paseo de regreso, se disfruta de la floresta huertana, que colorea los valles y se prepara para el invierno, mientras emite un suave calor que engaña al frío y lo aplaza, reflejándolo en la luz tamizada por la bruma fucsia de la tarde.
Es tiempo de otoño.

domingo 4 de octubre de 2009

CARTAGENA: CIUDAD PARA LA INTELIGENCIA.



Casi tres milenios de historia mantienen viva y creciente a Cartagena, ciudad respetada siempre, a la vez que anhelada en la consideración de todos los imperios mediterráneos.

Con la dedicación que están desplegando sus centros de estudios históricos e investigación, se observa que Cartagena destila orgullo sediento al ver reconocidas su historia y su cultura, que no cesan. (Museos y monumentos, entre otros, dan buena cuenta de ello).

De visita, de gustoso paseo, fijando esta vez la mirada en los rostros y rastros de Roma, llevan a considerar que en esta ciudad, cada vez que se produce un descubrimiento histórico, se levanta un nuevo espacio cultural, se propician actividades para todos y se genera un nuevo espacio de libertad: Cartagena se hace grande.

El orden y el dirigismo de tiempos pasados permanece junto a las libertades y valores individuales en esa siempre difícil coexistencia: hay arraigados modos de poder de cada período de dominio, que perduran como controladas fuerzas y señas de identidad en el imaginario cartagenero.

La impresión, tras esta vista, surge de que el espacio cartagenero ha sido tablero de juego interminable, como lugar habitualmente apetecido históricamente por los expansionismos imperiales mediterráneos, desde que los fenicios mostraron sus posibilidades económicas y comerciales.

Pero para entender el hecho cartagenero en su legado no basta con estimar el potencial económico de la minería y la química, así como las extraordinarias condiciones estratégicas del puerto (militar y comercial) y de los intensivos cultivos de su campo.

Hay algo más. Tiene que haberlo. Puede sonar (ignorancia incluida de quien esto escribe) como algo intangible. Pero se evidencia a cada paso: la historia heredada y mantenida está impresa en sus ciudadanos, en sus calles, plazas y edificios, con desigual valor (lo que no es un defecto, claro está).

Hoy, de toda la densidad histórica, podríamos sólo apuntar tres capítulos claramente diferenciados. El primero sería la fundación por Asdrúbal, el sagaz hermano de Aníbal, que abrió esta tierra a los usos y costumbres avanzados de la época, incluidos los cultos religiosos, de entre los que se destaca la deidad Tanit, la diosa humana crisol de las comunes características de las mujeres mediterráneas. Crear conciliando, es el origen.

El segundo capítulo sobre el que se emplaza hoy la linterna de la atención es el de la herencia romana. ¿Qué percibió, qué vio el imperio romano en Cartagena para ocuparse tan intensamente de ella? Fijémonos en el detalle de que aquí se construye el segundo teatro romano en importancia de la península ibérica. Un conjunto arquitectónico de esta magnitud no se levanta sin pensar y prever sus posibilidades, sino en un lugar y tiempo donde hay demanda y ha de haber acogida y participación en las manifestaciones culturales que le serán propias. Visto el teatro, impresiona en su grandiosidad y se barruntan posibilidades admirables, como la de las representaciones y eventos singulares.

Son dos episodios distintivos: la dignidad cartaginesa y la integridad romana.

Y ahora, saltando con gran zancada en el tiempo, vamos al tercer señalamiento: la ciudad militarizada sobremanera, (“Ciudad Departamental”), como uso de sus posibilidades y, también, como ‘castigo’ controlado por ser el último bastión republicano y “rojo” en el sangriento y totalmente lamentable conflicto fratricida de 1936/39. Los hechos, y no las ideologías, debieron ser el principio rector de esta ciudadanía que resistió hasta el último día, haciendo valer, entre otros, el espíritu del indómito cantonal cartagenero.

Pasado el tiempo oscuro, en el siglo XXI se comprueba y agradece que el pragmatismo no ha de ser una dificultad: cartageneros, murcianos, españoles, europeos del norte y del sur, africanos y gente de allende el Atlántico han de contribuir en los derroteros por los que discurrirán las energías presentes y emergentes de Cartagena, ciudad taller abierta al nuevo milenio. Tras más de dos mil años de densa e importante historia, ¿A dónde va Cartagena? es uno de los ejercicios más apasionantes de este comienzo de siglo.Se responderá, indudablemente, con la actividad industrial y los cultivos agrícolas, con la actividad del puerto y de la Universidad, elementos en donde está implicado el tejido social। Y en la probabilidad de que, sin mostrar ceguera ni sordos oídos, la acción política haga avanzar a esta sociedad tan pluricultural con la habitualidad que recoge la historia: creación de confluencias, aún en el conflicto, cohesiones y motivos para vivir el presente y labrar el futuro mediante proyectos ambiciosamente posibles.

Cartagena es una ciudad indispensable con expectativas crecientes, para afrontar el siglo recién comenzado en el que ha de conjugar el desarrollo de lo histórico, lo socioeconómico y lo educativocultural, además de todos los submundos alternativos que tiene contenidos; desplegando la capacidad de mostrar y ofrecer una mantenida prosperidad, a la vez que manejando los obstáculos y problemas: medioambientales, de integración social, de ordenación urbana y del protagonismo de sus habitantes.

La inteligencia es de lo mejor que ha dado la Humanidad, como tesoro acumulado. El pasado, en cuanto pasado ¿interesa o es algo que tiende a la desaparición? Entender y seguir de cerca de Cartagena es un juego de inteligencia. Lo que exige una aplicada dedicación por la que se evite el estéril y repetido tópico de desacreditar épocas y hechos.
La energía del presente, que también tiene sus aportaciones desde la antigüedad clásica, no puede aparecer como algo efímero, sino como un continuo latido, jugando a entender su evolución. La sobrevivencia del Teatro Romano (¡qué maravilla de características arquitectónicas, escénicas y acústicas!), en su monumental grandeza emergiendo de la desidia, la ignorancia y el ocultamiento hasta ahora, traspasando el lado épico de las luchas, a la vez que posibilitando, desde lo diverso, será un referente de la construcción de la convivencia.

De la industria cultural cartagenera se espera que busque el favor, atraiga y mantenga a las jóvenes generaciones, para que entiendan sus raíces y el legado histórico, los gocen y los hagan suyos, ahuyentando riesgos de ignorancia y que la ordenada huella de Historia y Civilización ha de seguir alumbrando.

En Cartagena habla el pasado en la realidad del presente dinámico, en un complejo y fundamental proceso que apuesta por dejar al margen los olvidos y los desmanes, ya que éstos no tienen cabida en una ciudad próspera y estética.

Se ha inaugurado una nueva época que navega en tiempos convulsos, coincidiendo con la quiebra de lo viejo y lo antiguo. Y hay que saludar con alegría y esperanza de Cartagena, que tratará de corregir el desapego juvenil a la vez que estimulará la inteligencia hacia la cultura en más sentidos y manifestaciones que la tradicional. Lo que supone que será un modelo de acción donde convivan, en buscada armonía, la tradición y la vanguardia, lo popular y lo culto, la ruptura y el folklore.

Es tiempo de que, tras el paso del entusiasmo y el apasionamiento, se desplieguen las capacidades inteligentes para que los hechos históricos sean visibles y reflejen su luz, a la vez que estén vinculados a las vidas cotidianas, a través de miradas con sensibilidad visual de los espacios que conforman el gran tapiz de la Historia de Cartagena.


jueves 17 de septiembre de 2009

LA AMISTAD QUE TE LLEVA Y EL FESTEJO DE TOROS

El martes pasado no pudo ser, y la tarde de toros del día de la Romería se quedó en deseo, pues los elementos meteorológicos desatados truncaron el esperado festejo. Pero, ¡…ah!, con la lámpara de la amistad siempre encendida está María José , compañera incansable en el trabajo y, además, amiga: ha visto la oportunidad y, de urgencia casi, nos ha convocado a la fiesta en la tarde del jueves. María José es que ejerce, además de amiga, de madre protectora, –también es abuela, no te vayas a creer que no ejerce-, que ella, si tiene oportunidad, te ofrece y te pone en suerte la posibilidad de una tarde de toros en el palco, a la sombra y bien atendido, con merienda en el intermedio.
Estimo que ya, con este detalle intenso de acordarse de los demás y de invitarles vivamente ya tiene gran valor la tarde de septiembre. Si, además, el festejo fuera memorable, entonces, ya… ¡…para qué más! La compañera laboral y amiga sin duda nos ha traído al coso condominero, y nos ha obsequiado.
Aquí podría terminar la crónica con toda dignidad y agrado
.
Pero, bueno, ya que estamos, hablemos del festejo. Los espectáculos taurinos tienen sus defensores y detractores. En esta pugna, sin querer ser equilibrado ni nada que lo apunte, creo que am
bos tienen razón.
Se podría resumir en que el diestro Alejando Talavante ha sido quien ha salvado la tarde। Porque lo de Morante de la Puebla, patilludo y entrado en carnes, ha sido a
lgo de eso de “mantente mientras cobro”: toros sin trapío y matador sin voluntad। Y lo de Daniel Luque, eso sí, mucha voluntad pero toros sin empuje. Es decir: que de seis toros que se vieron en la arena, sólo el segundo ofreció espectáculo, faenado por Talavante y del que obtuvo dos orejas y vuelta al ruedo. Lo demás, salvo el ánimo puesto por Luque, mejor para ignorar y, consecuentemente, para olvidar.
A quien no olvidamos es a los compañeros/as y amigos/as que, por diversas razones y obligaciones, no pudieron venir a compartir con nosotros los colores de la tarde taurina en el palco, la merienda y la conversación desenfadada, como si fuéramos “entendidos sabidillos” del arte de Cúchares: no sabemos mucho, es cierto, pero parece como si nos hubiéramos estudiado y aprendido el Cossío. Y nos reímos, entre la ironía y la ternura, por lo que pasa en la arena o al margen de ello.
Pero lo que yo destaco, subrayándolo, es el momento de la magia de la amistosa cercanía: la fiesta taurina es una excusa para estar juntos de otra manera. María José, como amiga y como anfitriona, nos ha llevado a esta aventura de color, aplausos, silbidos, música, valor, sangre y pañuelos. Y quede constancia del reconocido agradecimiento. Una persona es tanto lo que es como lo que decide ser. Y María José ha resuelto ser con entusiasmo, con algo de euforia, con libertad en la amistad, que podemos pasar una buena tarde de septiembre. La amistad en compañía tiene el sabor de las cosas que comemos con agrado: estamos hechos de lo mismo. Y a mí me gustan las celebraciones y el regocijo.

viernes 11 de septiembre de 2009

“TRASNOCHANDO”,… con SØREN PEÑALVER

¿Merece la pena adentrarse en la madrugada de septiembre? Seguro que sí, ya que se trata de asistir y vivir a las veladas literarias que Søren Peñalver ha organizado en el Museo de la Ciudad, lugar de encuentro y referencia: una cita de tres noches a la que acuden escritores y escritoras, creadores pictóricos, músicos,… artistas de la más variada sensibilidad, donde el diálogo de las palabras bellas se funde con la música y las vibraciones emocionales.
Envueltos en la noche, al aire libre con olores de jazmín y galanes de noche, Søren Peñalver sabe conferir un tono intimista y fuertemente amistoso entre los presentes, sean amigos, sólo conocidos o simplemente interesados asistentes. Soren acaricia con su verbo a hombres o mujeres, a quienes pide que vengan al atril a hablar, a decir las propias palabras o la de otros; y también lamenta y justifica la ausencia de quien no pudo venir a la llamada de “Trasnochando”, que en la presente edición se centra en “El mar y las ciudades”.
Sólo he asistido a la última noche y clausura.
Y puedo decir que los asistentes, en la ya fresca noche de septiembre, han vibrado oyendo recitar por una invitada en portugués brasileiro el amor vivido en la playa durante la noche, donde queda la mujer mientras el amante se interna en el mar; en catalán; en griego, por el propio Søren, un poema del griego Odiseus Elytis. Ambos poemas los derrama al castellano la escritora Fuensanta Muñoz Clares con viva emoción que se trae desde el mar Egeo y la irradia en este ambiente atento y cómplice, en el que nos dice que poesía y música nacieron juntas. (Recupérate pronto de tu lesión en el brazo, que se esperan tus escritos).
Variadas palabras y lecturas.
Destacaré las del final y clausura, declamadas en tono intimista por el grupo musical que cierra la madrugada. Palabras arrancadas del texto “Tosigo ardento”, (
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12715085351381524198846/210306_0014.pdf), del poeta cartagenero José María Álvarez, presente en este encuentro del mar y lo urbano, a quien Francisco Javier Díez de Revenga lo tiene definido como «Poeta militante de universalidad». El escritor Santiago Delgado dejó escrito un comentario, a raíz de la publicación del libro de Álvarez, en torno a este Monólogo sobre el tiempo, la poesía y la muerte.
Un texto largo, que no se hizo cansado, y que llenó el aire y los oídos de la noche en extensión e intensidad con las palabras de José María Álvarez, (
http://amediavoz.com/alvarezJM.htm).
Es para verlo y escucharlo, porque esta reseña no hace justicia a la tensión, intimismo y placer del momento.
Enhorabuena a Søren Peñalver por convocar a estos encuentros y por la respuesta obtenida.