Trance, sombras y esperanza tras una disposición legal.
DE LO INMATERIAL
(I)
Antes de que el título desoriente y empuje hacia atrás a los posibles y
virtuales lectores/as, digo: es una consideración motivada por la declaración
de bien cultural Inmaterial
a un conjunto de hechos con título y referencia en “La mañana de Salzillo”,
de Murcia, (será cada viernes santo y, también, si acaso se produjera una
confluencia importante de algunas de sus características, en un momento extraordinario).
Apuntado queda el motivo del encabezamiento, que aflore como búsqueda
para esclarecer lo aparentemente inexplicable: no es una cuestión enigmática ni
misteriosa.

Impresiona, sorprende. Porque una disposición legal, hasta ahora, se
establece sobre lo concreto, lo material y sensible. Y vemos que se puede
traspasar y superar tal condición: no sólo ocuparse de los leños para que
ardan, sino aún más allá del rescoldo y el olor, atrapar eso tan difuso que es
el ámbito.
1.- Un decreto característico y
especial: forjar cosas desde
lo ideal.
Leo en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM), este caso que
aquí ocupa. Lectura necesaria para situarse en qué se entiende allí por “Inmaterial”.
Admito que me causó cierto sobresalto. Y de esta inquietud, surgen las
preguntas:
- ¿Habrá que palparse el cuerpo y comprobar que
seguimos aquí?
- “La Administración pública, en su práctica
política, ya domina todo, ¿hasta la fundamentación teórica de raíces
filosóficas?”
(Platón, en Siracusa, es un histórico antecedente
del filósofo en faena de gerencia política. Aquí es el político en funciones
de intelectual).
La naturaleza del objeto sobre el que se legisla, sugiere que el
Gobierno regional de Murcia está compuesto por políticos metafísicamente estéticos,
y habla de lo que no tiene materia, lo etéreo, de lo “Inmaterial”. Y presupone
que los ciudadanos de Murcia saben de qué va.
El acto de gobierno determina y delimita lo recóndito, lo misterioso
como arte y vida. Ha unido dos palabras-concepto que tienen significado
opuesto, contradictorio (oxímoron). Se trata,
ahora, de asimilar que lo Inmaterial es y no es, simultáneamente,
sustancia físicamente sólida, a la vez que idea incorpórea. La realidad y la
imaginación, los objetos y las ideas, las sustancias históricas y las
alegorías, las vivencias y los símbolos.
Y con esa dualidad de opuestos hecha ley, el gobernante ha cosificado:
ha convertido en cosa lo incorpóreo; es decir, algo que no lo es.
Se dirá que es el procedimiento y que ‘las cosas son así’. No
daremos acogida a la sorpresa y, en una acción que confirma la libertad de
pensamiento, con opinión, decirlo para difusión consecuente.
(Quede claro y patente: no
tengo objeción ni me opongo, ¡en absoluto!, a que se consiga lo de Patrimonio
Cultural e Inmaterial de la
Humanidad para “La mañana de Salzillo”. Me alegraré como
el que más. Lo que temo es que, al no organizar la participación estable, quede
como suceso aislado, lejos de ser asimilado por quienes son y han de ser,
simultáneamente, herederos de la tradición, protagonistas activos en valores
comunes, gozosos usuarios y, por fin, transferir en relevo la práctica, los
beneficios socioculturales).
2.- Razón teórica y la práctica
política.
De repente, la
razón teórica inspira confianza política.
Habitualmente, las
cuestiones de pensamiento son algo remoto, delicadamente reservado y oculto.
Para los ciudadanos que no leen, -incluida una buena parte de los políticos-
los espacios de ideas y de actividad cultural no entran en sus itinerarios.
Aunque esto de “lo inmaterial”, dicho sin más, no produce
agitación interior ni gran entusiasmo en la ciudadanía, habrá que habilitar
vías, imaginativas y atractivas, de difusión y de formación: sólo se valora lo
que se conoce y se entiende, pero sin cabida a la frivolidad y lo ocasional, por impetuoso y
menguado. Y la dificultad de límites por sí imprecisos.
- ¿Puede añadirse
algo nuevo a la tradición y al entendimiento de la vivencia? ¿O todo está circunscrito
y no se contempla lo dinámico y evolutivo?
- ¿Quién/quiénes examinarán y aprobarán qué
puede admitirse, ampliando, como propio y adecuado de “La
mañana de Salzillo”? (Según el decreto, sólo son
tres las instituciones: la Cofradía de Jesús Nazareno, el Ayuntamiento de
Murcia y la Academia Alfonso X el Sabio. Lo que es: una asociación religiosa,
una institución política y la Academia como consultiva. El Gobierno regional,
en última instancia).
Los representantes
políticos, que vemos inesperadamente interpuestos en funciones intelectuales,
deberán contar con los ámbitos del pensamiento, la cultura la organización. Artistas, filósofos,
historiadores, humanistas, novelistas, poetas, periodistas… a quienes se pida
énfasis en su oficio, una demanda de altura moral en una tarea que se inicia,
se desarrolla
en un movimiento lineal que no tiene fin: para mantener el fuego hay que abastecerlo.
Si se pretende que “lo inmaterial” viva en los ciudadanos del
lugar (¿y quienes no
quieran?)
y se haga entender a quienes vienen de fuera, deberán de activarse estructuras
estables, que posibiliten un amplio
aprovechamiento placentero de bajo coste y alto rendimiento emocional. Estamos
hablando de personas y de sus emociones.
En esto se resume su valor: desplegar talento en el empeño de conseguir
con esmero que, dentro de la infinita diversidad, se celebre lo que ha logrado la costumbre, la
razón, el ingenio y la habilidad. Todo en un marco de tradiciones y tiempo
presente, en el que se delimita tanto el lugar, la identidad, las vivencias y
sensaciones, el sentido lúdico y la
capacidad de gozar.
Siempre queda una pregunta, en la filosofía de la sospecha,
“¿A quiénes y cómo beneficiará todo
esto?”
Es cierto que todo tiene un precio y que subyace un claro –aunque no
explícito- objetivo económico, (por ejemplo, el turismo y sus ventajas, la
posible y relativa creación de empleo). Es la realidad, con las miserias del
mercado, al lado de la auténtica pasión que contiene.
¿Por qué convive la circulación comercial con la intimidad y el
sentimiento colectivo? [Quizá la Psicología pueda echar una mano].
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[Fin
de la primera entrega. Continuará…]
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