viernes, 20 de febrero de 2009

EMOCIÓN Y SENTIMIENTO PÚBLICAMENTE EXPRESADOS

Hace unos días, al volver de Ceutí para Murcia, vi y leí, inevitablemente este cartel, hecho y puesto con el propósito de hacer visible y publicar una emoción y un sentimiento. Lo ha puesto alguien que conoce el asunto de la felicitación, pero que a quienes transitamos por esta vía nos resulta incógnito.

El cartel.

Escrito en negro sobre fondo rojo, con letra cuidada y pretensión en los rasgos, contrasta que está atado rudimentariamente en el semáforo de la rotonda distribuidora de tráfico, con correas de plástico y cinta adhesiva transparente, que fijan la proclama al tubo, situado, más o menos, a la altura de los ojos de quienes transitan por el lugar y van en coche. Está hecho para esas miradas. Quise comprobar si la comunicación era múltiple, para lo que recorrí los alrededores, pero de mi paseo pude constatar que sólo hay esta muestra, porque no hay más comunicaciones en las otras señales, las aceras, ni en el carril-bici cercano ni pintadas en el asfalto. La estrategia de quien lo ha colocado es para que lo vea y lea quien sale de Ceutí por esta rotonda concreta. Que, entre otros, estará el principal destinatario “Álvaro”.

El mensaje.

Aunque parco en palabras, el mensaje está condensado y es muy directo. Se felicita a Álvaro. El motivo de la enhorabuena se me antoja que será importante, más allá de la cortesía del cumpleaños o la onomástica: algún logro ha de haber conseguido el destinatario que merezca ser difundido públicamente, aunque sea momentáneo. Pero no se explicita: lo sabe quien ha redactado y, se supone, que el receptor nombrado. Posiblemente alguien más, que conozca los entresijos de la relación.

Hay otro mensaje que, aunque escrito en letra más pequeña que la felicitación y el nombre, es más permanente y duradero: se le manifiesta el sentimiento íntimo y devoto de posesión: Te quiero. Es decir, se le ha felicitado por lo que sea, pero se le informa de algo que Álvaro posiblemente ya sabía de antes. Pero que es novedad, o tal vez corroboración, para quien pasa por allí. (Ambos deben de ser jóvenes: los menores de veinticinco años, actualmente, sea por el medio que sea, escribiendo en las paredes, por el teléfono móvil –se les oye, antes hablar por teléfono era algo íntimo, hoy no se ‘cortan’ para decir lo que sea-, u otro medio de difusión, dicen públicamente sus sentimientos. Seguro que os encontraréis, en donde quiera que estés o paséis, comunicados como el que hoy es objeto de comentario).

Quien envía el recado lo firma con sus iniciales: “S. V.” Está identificado, tanto para el nombrado como para quienes conocen la relación con Álvaro. La amante admiradora escribiente (también puede ser admirador, ¿por qué no?, yo no lo excluyo), no se atiene a reglas ni espera respuesta: en esta proclama informativa ha unido el placer, seguramente sin frivolidad, con la creación de un recado breve pero no simple y sí natural y lúdico, lo que mejora la bondad del resultado.

El estilo es la persona. Aunque sea para repetir un mensaje muy común. El estilo no es consecuencia de un don, ni siquiera una habilidad o destreza adquiridas, sino una conquista. La autora o el autor, que no utiliza seudónimo, tiene estilo. Y a todo ello hay que sumar que el cartel, con el tiempo, desaparecerá, sin dejar mala huella en lugar donde aparece.

Desde aquí felicito a Álvaro, porque él tiene un motivo de alegría y porque tiene quien le quiera.

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