lunes, 1 de octubre de 2012

ENTRE LA TRADICIÓN/COSTUMBRE, EL FOLKLORE Y EL RITO, EN LA RELIGIÓN CATÓLICA. RECIBIMIENTO AL NUEVO OBISPO DE ORIHUELA


Las sociedades cuentan con su sistema propio de costumbres, que muestran en cuanto tienen y surge la menor ocasión.

En el ámbito e influencia de la religión católica, cuando un Obispo llega a la comunidad que ha de regir durante el tiempo que se le asigne, se procura difundir ampliamente la noticia entre los fieles, para que lo conozcan y para que, también asistan a algún acto singular/señalado por el que se hace copartícipe a la sociedad, no sólo a la feligresía, y que los medios de comunicación se hagan eco y difundan el hecho.
[Cuando en la diócesis de Cartagena-Murcia se nombró al nuevo obispo, José Manuel Lorca Planes, el recibimiento popular, en 2009, fue importante en distintos puntos de la región, (sobre todo en su localidad natal, Espinardo), pero no recuerdo que fuera de esta magnitud del que hoy damos cuenta].

Lo de Orihuela (Alicante), que dista poco más de 20 kilómetros desde Murcia, es, digamos,… distinto.  Y, seguro, más espectacular, aunque, obviamente, esté influido de signos y perfiles que se den en otros puntos de la geografía.



Me invitaron a presenciarlo. Y allí fui.

La costumbre, en Orihuela, (“Orihuelica del Señor: iglesias y conventos, por la gran cantidad que de todo ello hay), es desplegar acciones y actividades cada vez que un nuevo obispo llega a la ciudad; que, según los cronistas, están profundamente relacionadas con la identidad y talante oriolano, con su carácter que se pretende único y con el peso de su historia.

Esta costumbre/tradición tiene su raíz en tiempos inmemoriales y a la que se le ha dotado de una explicación lógica, desde que se originó, hasta establecerse con el tiempo en un proceso de forma casi irrevocable.

Veamos, pues.
(Me interesó, también, porque, por una parte, el segundo apellido del nuevo obispo coincide con el primero mío, ya que el monseñor se llama Jesús Murgui Soriano y, por otra, el apellido del Alcalde de Orihuela es Guillén, como mi segundo).

Por la mañana y mediodía, el nuevo obispo visitó pueblos cercanos y es preceptivo que, en COX, coma el arroz y costra, típico de la Vega Baja del río Segura.

 Y partiendo desde Cox, con breves paradas en Callosa de Segura y Redován, llega a la ermita de san Antón, ya en Orihuela, fue obsequiado con una naranjada y dátiles, (del palmeral oriolano), antes de subir a la mula blanca.

Y, desde allí, desde la Puerta de la Olma, hasta la principal de la entrada a la ciudad, junto al conjunto monumental y docente de santo Domingo, donde le esperaba mucha gente venida de la ciudad y de otras partes, –entre diocesanos, fieles y devotos, y curiosos-, así como las diversas autoridades, 

se desarrolló el paseo y llegada en mula blanca,

seguida de los caballos montados por mujeres con mantilla y vestido negro, y hombres con chaqué y chistera.

La entrada en la ciudad, primero, el paseo/desfile por diversas calles y, por último, la toma de posesión en la Catedral de su tribuna y sillón episcopales fueron momentos emotivos, que ya forman parte de la historia.

 Hasta aquí, todo parece normal y habitual en este tipo de actos, en donde la Iglesia Católica (con el trato preferente que se recogió en la Constitución Española de 1978 y en el Concordato)

 es agasajada por las autoridades civiles que, a su vez, organizan y controlan las condiciones para el recibimiento popular.

 ¿Qué tiene de desacostumbrado y excepcional lo de Orihuela?


Va desde lo tardo-medieval, renacentista, (los hábitos de diversas órdenes religiosas, los dominicos, por ejemplo), hasta lo barroco del adorno y engalanado de calles, lo que se ha ido sumando al acto con el paso del tiempo, a la vez que, con ello, se pretende mostrar una forma de catequesis en la calle.

Así, se le recibe con un ritual inspirado en el domingo de Ramos –entrada de Jesucristo en Jerusalén-: subido a lomos de una mula blanca, con palmas (esto es absolutamente natural y explicable: Orihuela cuenta con un extenso palmeral, que es una de sus señas de identidad). Y se le añade y mezcla estampas diversas y nuevas, como del “Caballero cubierto y a caballo”, en el que se muestra que el paso del tiempo deja su impronta en el desarrollo del rito.

 A la llegada a la puerta, llamada de Crevillente, se dan los toques de rigor; (hay que decir que los tres golpes dados, con amplificación, hicieron el silencio entre la muchedumbre presente). Desde ‘dentro’, el Alcalde pregunta:
-     “¿Quién va?” ¿Quién llama a la puerta de esta ciudad?
A lo que, por el Pertiguero del prelado, se responde con determinación:
-     “¡El obispo de Orihuela!
-     “¡Que se abra la puerta y sea bienvenido!”, se concluye.
Y se dispararon, mediante fuerte cohetería, las 21 salvas de honor como representante de la Santa Sede.

Tras la acogida, se inició el recorrido por calles del centro histórico de Orihuela, donde se había extendido una larguísima “alfombra”, sembrada por todo el recorrido, de hierbas aromáticas, donde predominaba el hinojo, el romero, el tomillo y las hojas de adelfa, traído todo de la cercana sierra oriolana.

Hasta llegar a la Catedral de “El Salvador”, donde una recia mascletá (“tronaera”, diríamos en murciano) de fuegos artificiales, y las campanas volteando recibieron al prelado.

Nuevamente un rito significativo en la Puerta catedralicia del Loreto por el que el Deán del Cabildo ofreció el “Lignum Crucis, del madero de la cruz de Cristo, al nuevo obispo.

Y ahí empezó la ceremonia de proclamación, a la que no se podía acceder, por estar todo ocupado mediante invitación previa.

 Hay que reflejar aquí que, aunque sea brevemente, la protesta cívica que, en un punto del recorrido del desfile, se mostró contra que se empleen fondos públicos en la Iglesia. Los manifestantes, muy pocos, no profirieron grito alguno ni expresaron actitud violenta: sólo exhibieron sus pequeñas pancartas, desde la acera.
Pero a alguien no les gustó.
Y enviaron allí a los agentes de dos cuerpos de Policía: la local y la nacional. En todo momento, los dos o tres componentes de la protesta, en silencio, no opusieron resistencia alguna y entregaron sus documentos de identidad a los agentes de la Policía, que les extendió el correspondiente atestado/denuncia; (actitud y acción que se me hacen muy difíciles de entender y de justificar, al menos desde mi punto de vista, y de lo que vi y percibí; pues los reclamantes tienen derecho a manifestarse, pacíficamente, sin ser tapados y desalojados. Y protestaban contra el empleo de fondos públicos para la Iglesia: tengamos en cuenta que ambas policías, alfombrado de calles, regulación especial del tráfico, etc., se pagan con fondos públicos, y que ahora están desplegados para recibir a una autoridad religiosa. Se podrá estar o no de acuerdo, pero cualquier opinión, pacíficamente manifestada, -como fue ésta-, ha de ser respetada).

También hay que señalar que era el día después de las torrenciales lluvias y sus efectos, en Murcia. Por lo que el río Segura, a su paso por Orihuela, transitando las aguas hasta la desembocadura en Guardamar, se mostraba inusualmente crecido.


No es que se agoten las posibilidades de lo que se puede decir sobre todo esto del recibimiento al obispo de Orihuela, porque queda por descubrir en las personas, en las calles y en los colores de la capital de la diócesis alicantina sobre costumbres, usos y vivencias colectivas. Y la imaginación puede informarnos aún de más .
Pero, como hay que concluir, diremos que esto es lo que dio la tarde.

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