miércoles, 13 de marzo de 2013

UNA MUESTRA Y UN ARGUMENTO: LA ARMONÍA PARA REGRESAR A LO HUMANO ESTÁ EN LA POESÍA Y EN EL PENSAMIENTO.


Hace dos días, en hora temprana de la mañana, al salir de casa para las compras, me llamó la atención que tres chicas de aspecto estudiantil querían hacerse una foto con fondo de pared que creí de piedra lisa, no contenía nada más hasta ahora. Me acerqué, -me sorprendía al paso-, y leí una pintada que había irrumpido tras la noche. Ahí estaba. En la risa nerviosa de las jóvenes había un contenido y una intención de mensaje: “…esto se lo envío a…”.

Detengo el paso y me quedo a leer, no porque sea mucho, sino por permitir que me impregne el breve e intenso texto de la pared. Me gusta.
Creo que es una caricia gritada, con ternura y simpatía, a todos los ciudadanos, o sólo a quienes pasen por aquí.
No es la primera pintada que he visto por la ciudad ‘firmada’ por este supuesto “colectivo” de ‘Acción Poética’; en otras calles ha hecho su advenimiento estos mensajes claros, sencillos en su evidente y sensible complejidad.
[En realidad, hay una ambigüedad: o se trata de una ‘acción poética’, como el acto de estampar en la pared un texto notablemente elaborado con gusto y ánimo delicado; o hay una persona o personas que se autodenominan así, en este grupo que, en su nombre, avisa que será dinámico cuando convenga].

 Dicen los estudiosos y analistas (pensadores, sociólogos, psicólogos,…) que, en momentos de crisis social, -aferrada y sostenida por lo económico y la inseguridad-, la desorientación hace que, por un punto, aparezcan personas que hablan solas y en voz alta, y expresan algunas de sus razones del por qué se sienten marginadas, aunque no se entienda en lo que consideramos ‘discurso normal: los vemos en las puertas de supermercados y en espacios transitados, donde hacen oír su proclama sin esperanza y, casi siempre, ininteligible.
(Excluimos de aquí, por supuesto, a quienes hablan por el teléfono móvil caminando por la calle, pues se les supone que tienen interlocutor).
Y por otro flanco, brotan este tipo de manifestaciones, como a la que hoy hacemos referencia, explícitamente sensibles, aparentemente dirigidas a una persona pero que, como es más que hipotético y verosímil, se puede apropiar cualquiera y quien quiera sentirlo y compartirlo así.
Hay que saludar, con alegría y esperanza, que haya quienes quieran aportar y estimular, siquiera con una sonrisa, a paliar e intentar salir de esta situación de hondonada social que vivimos.
Se podrá aducir que las pintadas afean las paredes y estorban a la vista. Es cierto. Pero no en este caso, me atrevo a decir otra cosa.
Fijémonos. La pintada está hecha en tinta negra, al modo tradicional de los recados y avisos anónimos en los muros y  tapias, dirigidos a los poderes públicos o a personas concretas. (No es un grafitti o símil-dibujos de jovencitos que colorean paredes y puertas como marcando territorio, como hacen algunos animales, de otra forma).
El escrito plasmado en esta pared de la murciana calle Segura, esquina a plaza de san Agustín, está trazado por alguien que lo hace con ortografía correcta y resaltando las tildes. (Esto nos puede conducir a pensar que ya tiene ‘cierta edad’ y formación, tanto por el dominio ortográfico como por la construcción de la frase).
Asegura, en negativo, (“No sé qué verás en mí,…”) que alguien pone los ojos y contempla a otro/a alguien; a éste último le agrada sobremanera sentirse avistado y distinguido; por ello implora que la mirada no se desvíe y permanezca, (“…pero no dejes de mirarme). 
Es una invocación a la presencia mantenida.
No sé si la frase es original o plagiada. Me da igual. Porque es hermosa. Y muy pensada: poesía y pensamiento, fundidos y solidarios.
 Os invito a dar la bienvenida a este tipo de escritas manifestaciones públicas. Ojalá que os produzca, cuando menos, lo que a mí: cuando paso junto a la pintada, leo y sonrío. Creo sinceramente que es un estímulo para mirar con cierto optimismo al mundo y a las personas.

Palabras que habitan la calle y en el día.
Habrá quien vea en ellas
un adverso umbral.
Las leo.
Me gusta asomarme
y permanecer.
Salgo a la calle
por si tropiezo contigo,
autor o autora,
de esta circunstancia
de amor y vida.
Pared donde el viento resbala
y el mensaje permanece.
No hallo tu rostro,
pero atesoro tus palabras,
prendidas y detenidas
en el tejido pétreo.
Y ahí, en la pared,
un salmo culminante
clamando con música,
en un zumbido animado,
vivo y simbólico,
donde el dolor no tiene acogida.

martes, 12 de marzo de 2013

11 - M: INCESANTE ESCALOFRÍO, DOLOR, TRISTEZA Y DESCONCIERTO.


(En el día después al 11 de marzo).

El principio del recuerdo lo sitúo en el autobús urbano, yendo hacia el trabajo. Como todas las mañanas, también aquella se oía la radio. Súbitamente, cambian las palabras y el tono en quienes están en los micrófonos de la emisora: se va creciendo desde lo dramático a lo desgarrado; todo se transforma hacia la tensión inquieta y el sobresalto de espanto. Informan atropelladamente y en desconcierto de que en diversos trenes y estaciones de Madrid y sus proximidades, también en la de Atocha, ha habido tremendas explosiones. Son atentados terroristas.
Desde aquí, a 400 kilómetros de allí, el autobús seguía el itinerario en un sobrecogedor silencio, sólo quebrado por la aceleración del motor y el chirrido de los frenos.
Se escuchaba la incesante y apresurada crónica, descompuesta y plagada de horror e inerme angustia: explosiones en los trenes,… Empieza y crece la cuenta de muertos y heridos,… Las palabras se atropellan en la boca de los cronistas radiofónicos. Es muy duro y sobrecogedor escuchar. Así estaba ocurriendo.
Y pasan los años. Se convierte en un hecho histórico, más que un episodio, más que un testimonio; en él se contiene y se avisa de que la amenaza terrorista y la intolerancia siguen vigentes.

Las víctimas del terrorismo no pueden dejar de ser un referente moral, que ayude a crecer humanamente y a vivir. El momento del 11 marzo de 2004 no puede quedarse relegado en un recuerdo apuntado en la agenda de cada año que transcurre, sino que es y sigue siendo un hecho que condiciona el sentido de la vida, como primer derecho y valor universal; y para tender a superar los sinsentidos -perpetrados por humanos, vaya,…- de los terroristas y sus ideólogos.

Pero, ‘ah!,  hay quienes quieren conservarlo “vivo” -?- de otra manera: con la constante siembra de dudas sobre la autoría, apuntando, con anidado rencor y resentimiento, casi incomprensible entre afectados iguales, que somos todos, –el dolor no sólo es de las víctimas, aunque en ellas sea principal y cardinal-, por la matanza y destrucción.
No acierto a comprender qué se pretende y qué se gana con lanzarse sospechas y culpas entre españoles e instituciones. Dudar, tras nueve años del doloroso acontecimiento, sólo puede conducir al fraccionamiento social entre igualmente golpeados y doloridos.

Pero los muertos, heridos y afectados por el 11-M ahí siguen estando: en la permanente memoria de su sacrificio impenetrable, que informa e ilumina, -si queremos así recibirlo y entenderlo-, de lo que debemos sentir y procurar hacer para seguir con ánimo en la convivencia.

lunes, 28 de enero de 2013

FILOSOFÍA Y FILÓSOFOS EN LA CALLE: CONCENTRARSE EN LA PLAZA PÚBLICA.




En el hueco del día 28 de enero del año 13º del siglo XXI, la plaza de santo Domingo se ha convertido en el Ágora. Allí, profesoras y profesores de Filosofía se han concentrado y, a su vez, se han extendido por el lugar, explicando a quienes quisieran oírles, -que han sido muchos y muchas-, el por qué de estar allí. Catedráticos/as y profesores/as de la Universidad de Murcia, catedráticos/as y profesores/es de distintos institutos de la Región, estudiantes de Filosofía, y personas simpatizantes, hemos acudido a estar juntos y en la lucha porque se divulgue y se sepa qué va a pasar –negativamente- con la Filosofía en las aulas y en la vida ciudadana de los españoles, si una ley contestada llega a entrar en vigor. (El vigor será para la tal ley; pero el decaimiento y la debilidad será para la Filosofía y su enseñanza, así como para la formación de los ciudadanos).


El profesorado de Filosofía, -si cabe, aún más que en otros colectivos-, es singular en sus tendencias y especialidades, y lo son con dedicación individualmente relevante, por la propia esencia de la Filosofía donde habitan. Es propio del pensamiento: ser libre y abierto. Y siempre tratando de entenderse y confluir, en el debate abierto, libre y democrático.
Hoy lo han hecho. Unidos y no confundidos.
En un acto de tener muy claro dónde está el peligro: el que viene como un obús contenido en la Ley Orgánica para la mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE),… […eso de “mejora”… suena a sarcasmo, ¿verdad?; y aún más cuando el profesorado rechaza  la ley que así se dice, propuesta por el ministro Wert –o lo que sea-, porque además de prepotente, puede considerársele “al servicio de intereses privados, no por eso desconocidos” y tendentes a la analfabetización del pensamiento y del conocimiento: creen que es más fácil manejar a los desinformados. Y no hay que darles esa “razón”].
Hoy ha sido en este espacio público del centro de Murcia.
Y se ha cantado, con esta letra:
El día 14 de febrero, a las 12 de la mañana, será ante la Consejería de Educación de la región de Murcia: que no se vayan a creer que no tienen responsabilidad estos dirigentes políticos de Murcia.
Y habrá que estar.
La lucha está presente.
Hasta conseguir la victoria y la negociación abierta, amplia y bastante para la Educación en la Filosofía.

domingo, 27 de enero de 2013

FILOSOFÍA, ¿PARA QUÉ?


Puede que se lea como una interpretación que se ayuda de una frase, (nunca una caricatura). En 1920, el intelectual, profesor y militante político, Fernando de los Ríos viajó a la URSS a estudiar las posibilidades la Internacional Comunista. Allí se encontró con Lenin, a quien el español le preguntó sobre cuándo el régimen bolchevique mostraría la libertad para los ciudadanos. El ideólogo soviético le respondió con otra pregunta: “¿Libertad para qué?”.

Es que, quien piensa, propone y razona alternativas para el mejor estar de los humanos. Por eso no emociona la libertad a los dirigentes.

En estos tiempos donde lo que parece que no hay alternativas a través del saber, y que sólo se puede atender a las pesadas losas del ‘déficit’, de la ‘prima de riesgo’ (‘prima’… ¿de quién?), de la corrupción en muchas esferas; de los ‘recortes’, de familias completas en paro, de sobres que contienen dinero malsano para cargos políticos y quienes trafican con la confianza de los votos ciudadanos,… hombres y mujeres sin trabajo, personas dependientes sin ayudas, con cada vez menos atención sanitaria y con la educación manipulada,…

¿Tiene sentido estudiar y prepararse a fondo, disponer de un excelente currículum, si luego no interesas a los contratadores, -que buscan pagar sueldo de sirviente por un trabajo especializado-, porque la formación contiene y da paso a ideas que mejorarían y, posiblemente, superarían lo que piensa el empresario, sin que eso supusiera más costo?

Hay que resistir y avanzar, cuando a lo humano lo van deshabitando, cuando se vive en el desconcierto de cada día... ¿a qué viene preguntarse por la presencia activa de la Filosofía en la Educación? ¿Es que no conviene que las personas piensen, tengan ideas y las llevas a la práctica en un amplio ámbito de diálogo democrático total?

La respuesta es doble: la primera, porque no se quiere un espacio de libre concurrencia: donde no hay libertad no puede haber filosofía. La segunda, es que la Filosofía es contraria y enemiga de esa expresión y práctica que dice “¡lo que importa es la economía, estúpido!”, (la economía, que debería estar al servicio del hombre y que, por tanto, en la situación actual, repele y deja fuera a lo humano); la Filosofía está por la claridad y contra la corrupción de conciencias y de bolsillos. Y, por tanto, es molesta, incómoda.

  Y porque las manos que manejan el estado lo han convertido en un patrono: el peor de los amos. Los dirigentes político-sociales abren camino en el que no se deja transitar a la libertad. Y no es una simple queja: es un asunto y tesis que excede y supera a lo político.

Ha de ser el tejido social, académico y familiar, también el económico, quienes han de evitar el destrozo de la libertad en los colegios, institutos y universidades: hay que luchar contra el sometimiento del pensamiento crítico y de la conciencia viva que desenmascara a la opinión única.

  Por eso, los pensadores, los profesores, los alumnos, han de crear vínculos solidarios en este momento de necesidad. No es momento de dispersión y sí de concentración: de ahí lo justificado de encontrarse en la plaza pública,(*) herederos de los filósofos de todos los tiempos y de la primera filosofía. Tenemos la fuerza inmaterial y civilizada del pensamiento y la palabra, que hay que oponer contra la fuerza burda de quien manda sin querer escuchar ni convenir.

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(*) Lunes, 28 de enero, a las 12 de la mañana, concentración en la plaza de Santo Domingo: “¡Por la Filosofía en el aula! NO a la LOMCE!

lunes, 7 de enero de 2013

IDIOMA PARA ENTENDERSE



Pasaba al lado de la frutería, regentada por magrebíes. En la puerta, dos mujeres jóvenes hablaban. Por su acento aminoré al marcha.

Hay también un niño de tez morena que reclamaba, a cada instante, la atención de su madre, la que viste un atuendo inequívocamente árabe (sí, ese que, las más de las veces, parece un uniforme distintivo) de pañuelo en la cabeza que oculta el cabello y deja al aire y a la vista un rostro delimitado, chaqueta amplia y larga, que no se ciña al cuerpo para no dejar traslucir las formas, y los zapatos cerrados, sin mostrar dedos.

Es joven esta mujer, que le habla a otra, rubia de pelo corto y de piel muy blanca, de cabeza descubierta,  que lleva un suéter azul claro, pantalón vaquero; en los pies calza zapatos con tacón alto; y en las manos sujeta un chaquetón, un bolso y un carrito de la compra.

-  Estoy deseando que comience de nuevo el colegio, este niño está insoportable, -dice la madre árabe en idioma español/castellano-, bien construido, pero hace eco el acento que revela la procedencia y la lengua materna de origen norteafricana, con sonidos guturales aspirados.

-  Al mío le pasa lo mismo, también tengo gana de que comience el colegio, a ver si se tranquiliza, - manifiesta su acuerdo la mujer rubia, que evidencia un acento eslavo, quizá ucraniano o ruso, donde los sonidos interdentales se destacan.

Siguen hablando. De eso y de otras cosas, de trabajo y de cómo le va el negocio de las frutas y verduras,… Es lo que oigo a una distancia prudencial para que no se sientan observadas y porque he de seguir hablando y dejando de palpar mis bolsillos como si quisiera encontrar algo, en disimulo por haberme detenido.

Pero sólo quiero observar que dos personas, foráneas, de diferentes y distantes procedencias geográficas, que han recalado en esta ciudad buscando trabajo y desarrollándolo, se entienden en un idioma que no es el de sus orígenes.

Y me ocurrió una manifestación de la misma anécdota en la pescadería del pueblo, donde tres hombres se comunicaban y entendían en el mismo idioma que es el mío. Un subsahariano, un europeo del Este y un español, que hablaban de la escasez de trabajo y de lo que se podía hacer en la huerta ahora que es invierno. Y ¿adivináis quién empleaba el español con mejor construcción y claridad en las frases? Os resuelvo la pregunta: el subsahariano, con su acento sonoro; porque el español autóctono hablaba en forma de “lugares comunes” y que casi exigía una retraducción.

No es, ni pretende ser, esto que aquí señalo una aportación para un análisis sociolingüístico.

Podríamos internarnos en las condiciones de vida de los inmigrantes y su situación de justicia.

Sí, de mucho podría hablarse.


Pero escribo hoy sólo lo de la cuestión lingüística.

Y seguro que vosotros os habréis encontrado con escenas similares que os llegan. Pero se me hace de agrado que personas venidas de allá las distancias, los montes y los mares, hablen la misma lengua y lo hagan con más interés y conocimiento que algunos autóctonos.

Y que el idioma en que pienso y me expreso sea vehículo de entendimiento y difusión, sencillamente, me gusta que así suceda.

lunes, 22 de octubre de 2012

PEQUEÑOS ESPACIOS HACEN AÚN MÁS GRANDES A LAS OBRAS DE ARTE. En el Prado y en el "balcón" del Thyssen

    Es una excelente práctica habitual que los museos, grandes o menos, dediquen un pequeño –más o menos- espacio a una gran obra –o una breve colección-. Con la especialización, concentrando la atención así, se puede ofrecer, a diferentes sectores de público, obras de su colección, o prestadas para la ocasión, para una visión más singularizada que, en su esmerada incidencia, nos brinde novedad en la información y exposición, así como un garantizado deleite por contemplar.

 
     Ejemplos pueden ponerse muchos, (como recientemente hemos citado la Sala Belluga Cajamurcia), a lo largo de toda la geografía. Como es el caso de que, en el Museo del Prado, en el programa expositivo y en la sección espacial que se habilita, en cada caso, para la obra invitada, se mostró el “Descendimiento, de Caravaggio; también una muestra de obras religiosas de Murillo,… y tantos otros más.



      O la ''La Gioconda'' del Prado, (más limpia y guapa que la del Louvre, y que no tiene nada que envidiar a la que está en París).



     Ahora le toca habitar el espacio de obra invitada al Retrato de caballero, de Velázquez. Se trata de un soldado anónimo que aparece en Las lanzas, (La rendición de Breda).


       Hay quienes creen que se trata del propio Velázquez. La comparación con otros retratos donde aparece el pintor, desvela más diferencias que semejanzas: el tono pálido de la tez, los ojos, la nariz del personaje inclinan a considerar que es una persona distinta al pintor.



 Al otro lado de la calle, en el museo Thyssen, hay una exposición de acceso gratuito, de obras de sus propios fondos, que han titulado



ORIENTALISMOS



 Dicho en plural, para una pequeña pero escogida selección de obras, donde se pretende mostrar el interés de artistas de distintas épocas por temas orientales. 
      Hasta ahora, la visión sobre lo oriental se ha venido concretando mediante contraposiciones: la sobriedad occidental frente a la exuberancia oriental; la racionalidad de Occidente frente a la espiritualidad de Oriente.



 Si uno de los síntomas que indica el deterioro de una sociedad es la extensión y fachada de lo superficial, estas exposiciones, y las intenciones que proyectan, en las que es evidente y no se omite lo profundo, pudiera parecer que lo europeo es una muestra de sociedades estancadas en la vanidad tradicional. 
     Pero la civilización occidental, que anda centrada en las ciencias y la técnica, ha tenido y mantiene una intensa e inteligente sensibilidad hacia lo que ocurre en otras latitudes.



     Y aquí está esta muestra artística, que es muy recomendable visitar.
   “Europa entera mira hacia Oriente”, escribía Víctor Hugo.



     Las obras que componen este juego de miradas cruzadas sobre Oriente son un retrato de grupo, realizado en la India a una familia de funcionarios, un cuadro turco con escenas de la corte en Constantinopla, dos obras de Eugéne Delacroix, de estética oriental, además de dos escenas femeninas de influencia japonesa, o la representación de un harén/serrallo.



Desde luego que “El Quimono me atrajo poderosamente.

     Una vez más, aquí queda mi tendencia, sin sesgo, por los pequeños espacios que engrandecen y difunden el arte.

domingo, 21 de octubre de 2012

ELOGIO DE LOS PEQUEÑOS ESPACIOS ESPECIALIZADOS EN ARTE. I.- Sala Cajamurcia Belluga.

Que se disponga de pequeños espacios especializados, para cualquier manifestación artística que se pueda acoger en ellos, y que, por tanto, se ofrezca algo muy concreto y accesible a su entendimiento y disfrute, es una buena propuesta para acercarse al arte y a su significado.


       Es como se da en los coloquios sobre libros en la trastienda de una librería o en algún lugar donde un grupo poco numeroso puede recorrer una obra concreta.


      Lo difícil es que esta práctica impregne en un amplio segmento social, al que le llegue, plazca y paladee obras de arte, en cualquier manifestación de este, con una lectura, una mirada, una audición, que lleve la búsqueda compartida de una explicación y de su por y para qué.


      Cuando estamos acostumbrados a que los eventos sean de asistencia masiva, contando por miles, que exista y se propicie el deleite casi individual, o en pequeños grupos, creo que estos escuetos rincones son fundamentales para aprender, despacio y entender el devenir de las obras de arte.


Dudas pueden surgir, claro, sobre la idoneidad y de si esto es lo que conviene sólo a un determinado tipo de arte. Pero es una forma monográfica, dosificada de acercar las obras de arte al público, sin espectáculo mediático, aunque falta por establecer quiénes pueden ser los mediadores entre la obra y los destinatarios espectadores, así como qué se puede hacer en una pedagogía artística y que la influencia en la opinión, ilustración y experiencia personal sea gratificante a la vez que de calidad.


    Es el caso, como otros que deben de ser aprovechados, de la sala Belluga, de la Fundación Cajamurcia, para «enseñar a mirar obras de interés, piezas de grandeza artística» con que se pretende orientar en la mirada a una pieza maestra original de arte, para que, desde el contexto y fines de que surgió, se pueda interpretar ayudándose de reproducciones gráficas, textos y otros recursos.

(Se puede ver este vídeo:


http://www.laverdad.es/murcia/v/20121011/cultura/guino-huertano-gaya-murcia-20121011.html ).

        Ahora está exponiendo el “Homenaje a Murcia”, una obra cargada de simbolismos, en la que el pintor Ramón Gaya reúne elementos característicos de su estilo: la luz, los objetos de la vida cotidiana y típicos de la huerta-, o el recurso y juego de la pintura dentro del propio cuadro.


           Gran lienzo de Gaya, que se exhibe acompañado de bocetos, reproducciones gráficas y textos; donde se unen los recuerdos del pintor y su experiencia artística. De este cuadro se puede decir mucho, pero es mejor verlo, empezando por la postura del huertano recostado. Y el uso del color.


      En la exposición se señalan las fuentes en las que Gaya bebió, como el Velázquez de 'Las hilanderas', y de otros pintores a los que admiraba, como Eduardo Rosales.