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viernes, 1 de enero de 2010

CONCIERTO DE AÑO NUEVO, DESDE VIENA




Se podría comenzar con un apunte para la reflexión sobre el hecho musical, a la vez extraño y maravilloso. Hay innumerables y razonadas teorías sobre el nacimiento y el por qué de la Música, de la que seguimos opinando que es un lenguaje sorprendente, completo y no exento de misterio encantador sobre su necesidad y consuelo ante los avatares de la vida. Y que la Música puede ser interpretada en múltiples y heterogéneas expresiones. La de hoy está impregnada de delicias acarameladas y de seducción placentera, en un juego desenfadado.
En este 1 de enero, una vez más, la Sala Dorada del Musikverein vienés ha acogido la bienvenida musical al nuevo año con el tradicional concierto que ofrece la Filarmónica de Viena.
Escribir de ello es también contribuir, al fin y al cabo, a la mayor gloria del Concierto, que no necesita precisamente de ecos muy modestos, como puede ser éste. Pero también hay que concederse este tipo de placeres.
1.- El programa.

La apertura del concierto ha supuesto comenzar en la cumbre, con la opereta Die Fledermaus, (El Murciélago,
http://www.youtube.com/watch?v=4YBhKx1bkEM&feature=related), de Johann Strauss hijo. Además de la alegría musical, es una llamada optimista a la superación de las dificultades personales y sociales.
Ya se cuenta con que el Concierto de Año Nuevo ha de ser amable, agradable y desenfadado, con polcas y los valses de la familia Strauss (Johann, padre e hijo, Josef y Eduard). Así, hemos gozado con “Corazón de mujer”, “Vino, mujeres y canciones”, donde puede apreciarse las descripciones y expresiones de lo tempestuoso a la vez que alegre, de lo fogoso en el amor y en la danza. En este tono, cabe destacar tanto “En los Bosques de Krapfen”, con estilo bucólico a través de los cantos de pájaros (digámoslo: ‘instrumentación ornitológica’); y, para cerrar la primera parte, el “Perpetuum mobile” (el móvil perpetuo, como máquina hipotética que sería capaz de continuar funcionando eternamente), donde los diferentes instrumentos se han ido relevando en mantener el movimiento continuo, hasta que Geogres Prêtre ha mandado parar diciendo: “Etc., etc.,… ya es suficiente…”. Y ¿qué decir, ya en la segunda parte, de los “Bombones de Viena”, música dulce que se materializa en la mirada a los expositores de las confiterías vienesas que nos han mostrado? Lo mismo que la sensual música de la obertura de “Las alegres comadres de Windsor”, de quien fue fundador y primer director de la Filarmónica, Carl Otto Nicolai (1842–1848), y la variación sobre “Las sirenas del Rhin”, con la música que apunta a la barcarola de Offenbach, con su mecido que se alterna desde los oboes y clarinetes, pasando por los metales hasta la cuerda,(
http://www.youtube.com/watch?v=KEiZ-J97O5A&feature=related).
Y, claro está, todo con estas maneras y pátinas afables y almibaradas, en las que no desmerece en esta delicada línea la inclusión de dos aderezadas piezas de ballet, trenzadas en los fastuosos salones del Museo d
e Historia del Arte de Viena que han mostrado las cámaras.

Concluido el programa oficial, se ha interpretado, como propinas, la polca “A la caza” para, a continuación, los acordes del vals por antonomasia, El Danubio Azul, (http://www.youtube.com/watch?v=oPDVfTyJTzE&feature=related), con las imágenes del recorrido del río. Para concluir con la animada Marcha Radetzky, en la que palmean los asistentes.

2.- El Director.
Dirigir el Concierto de Año Nuevo supone uno de los mayores reconocimientos en el mundo de la música clásica. En Viena se considera y reverencia a quien dirige la orquesta. (Así lo hemos visto en el reportaje documental en torno al Concierto).
En esta ocasión, por segunda vez, el francés Georges Prêtre vuelve a ponerse al frente, quien a sus 85 años es el de mayo
r edad de los directores del famoso concierto. Prêtre tiene oficio, y los años de experiencia le permiten, sin problemas, dirigir de memoria y tarareando las notas y claves, mostrándose histriónicamente, con marcada gesticulación; por lo que, además de dirigir, se lo pasa bien, por lo que sólo ha usado la batuta en contadas ocasiones en que la precisión instrumental lo requería.

3.- Documental y glamour.
La ausencia de publicidad en la retransmisión ha permitido ver la emisión completa. El interesante documental ha mostrado aspectos de cómo se hace este espectáculo, desde los ensayos musicales al proceso de diseño y confección de los elegantísimos y refinados vestuarios que el modisto italiano Valentino ha diseñado para las bailarinas, que lucían un original y llamativo diseño en las piezas coreográficas bailadas desde el Museo de Historia del Arte vienés.
El espectáculo anual se ofrece mediante una muy cuidada organización perfectamente destinada a conseguir dosis crecientes de ceremoniosa gala plena de glamour, expuestas a las miradas y oídos durante dos horas, difundiendo la sensación de un mundo feliz que emana de estos arquetipos musicales.
A la elegancia del vals ha seguido el definitivo y animado fin de fiesta de la Marcha Radetzky, (
http://www.youtube.com/watch?v=YlSDiQjNtuA) durante la que Prêtre se ha desdoblado para dirigir a los músicos en sus compases y al entusiasmado público en las palmas, como memorable fiesta de Año Nuevo.

sábado, 14 de marzo de 2009

LA PIANISTA DESCALZA

Un nuevo viernes con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, en el Auditorio Regional. Una vez más con un programa variado para el concierto en su ciclo de abono, del 13 de marzo.

Personalmente no me acaban de cautivar las audiciones de contenido diverso, pues creo que dispersa la atención y le resta unidad a lo que se busca en el relato que la música despliega. Y que tengo preferencia por asistir y escuchar una obra completa o, cuando menos, que sea un recital en torno a un autor, quizá a un período musical concreto.

Aunque en el guión musical de esta cita musical hay un denominador común, una cierta unidad temática: música divertida. Los dos fragmentos de ópera y la música de Van der Roost.

El caso es que este viernes se ha iniciado con la obertura de Così fan tutte, - "Así hacen todas", ópera bufa de Mozart, que es la más hermosa de sus últimas óperas, una obra que fascina por su juego de simetría en cuanto a personajes –hombres y mujeres-, el encanto de sus arias y su final feliz. Pero sólo escuchamos esta introducción, en la que en ya se expresa el tono enredador de la ópera de referencia, y que fue interpretada por la Sinfónica con esmero pero faltaba algo de persuasión. (Pero esta última circunstancia, desde mi apreciación personal, puede que sea atribuible a la guía del director de la orquesta, en esta pieza y en otras).

Pasamos a la música de Jan Van der Roost, compositor actual –tiene 52 años-, con su obertura de Scaldis, de percusiones armónicas diversas –bien desarrolladas por los intérpretes- sobre un persistente tema que nos trae sonidos de naturaleza estremecida, fluir del agua y la intensidad de la vegetación que se mueve al viento mientras surcan el aire las aves.

Agradó esta fracción y su interpretación.

La suite de "El Caballero de la Rosa", [Der Rosenkavalier], ópera cómica en tres actos con música de Richard Strauss, (que combina la farsa de enredos con una profunda reflexión sobre el paso del tiempo), se centra en el uso del vals como forma musical y que es un anacronismo deliberado, ya que esta forma musical es del siglo XIX, y no existía en la época en que transcurre la acción.

[Si se desea, se pueden ver un fragmento de esta ópera ‘pinchando’ en: http://aam.blogcindario.com/2009/01/01622-r-strauss-presentacion-de-la-rosa-de-el-caballero-de-la-rosa.html]

El plato fuerte de la cita musical fue el encuentro con la pianista Eulàlia Solé. Y se puede adelantar que su interpretación estuvo magnífica y prodigiosa.

En este concierto nº 20, Mozart desarrolla aspectos musicales y estéticos que se verán después en el Réquiem y en la ópera Don Giovanni. Tiene tres movimientos Allegro, Romanza y Rondó.

La concertista catalana toca de memoria. Y lo hace con oficio e inspiración: Mozart bien interpretado, con un concordado diálogo entre piano y orquesta. La Solé desgrana con enérgica suavidad y marcando el lugar de lucimiento del piano, marcando el tema e influyendo en el diálogo.

[Se puede escuchar una interpretación de este concierto ‘pinchando’ en: http://www.youtube.com/watch?v=Yly14cxGZ18&feature=related].

Como anecdótico y llamativo, se puede señalar que la pianista realizó descalza su intervención, aunque su larga y amplia falda de franjas horizontales en blanco y negro arrastraba, se pudo observar esta circunstancia. No sé bien por qué fue así. Se podría conjeturar que la causa fuera que olvidó los zapatos, o que le hicieran daño,… Pero he de inclinarme a considerar que fue porque el contacto directo con los pedales, al igual que las manos en el teclado, le suponía una mayor y mejor comunicación con el piano para ofrecer la singularidad de su interpretación.



sábado, 21 de febrero de 2009

UN VIOLONCHELO MAGISTRALMENTE TAÑIDO

La Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, en su ciclo de abono, en el Auditorio Regional, ofreció el viernes 20 de febrero un concierto sobre Félix Mendelssohn y Franz J. Haydn, que además de su calidad, viene bien por lo de las celebraciones de los centenarios de ambos: de Mendelssohn de cuyo nacimiento hace 200 años, los mismos que de la muerte de Haydn.

Un buen programa se presentaba, que comenzó con la obertura “Las Hébridas”, -La gruta de Fingal-, que está inspirada en una cueva en la que rompen las olas.

La obra no narra una historia y por lo tanto no se le califica de poema sinfónico, ya que éste representa musicalmente ideas, escenas, imágenes o estados de ánimo. Más bien se trata de una descripción de un ambiente, del paisaje marino acercándose a la gruta: es una de las primeras obras musicales en intentar algo semejante. La obertura consta de dos temas principales: las notas iniciales, interpretadas por los instrumentos de cuerda, con el que Mendelssohn escribe una partitura lírica que sugiere la belleza de la cueva, inspirando sentimientos de soledad. El segundo tema representa el movimiento del mar y de las olas. Esta obra nos llena de la espesura de la niebla, del movimiento de las olas y recoge una gran tormenta.

[Dura unos diez minutos. Si se desea, se puede escuchar una versión ‘pinchando’ en la siguiente dirección:

http://www.youtube.com/watch?v=M3_Px2yXVbw y encontrar más versiones]

La interpretación de la Obertura, con sus emociones desgranadas por la Orquesta con la delicada dirección del búlgaro Pavel Baleff, inició el concierto con una elevación que se alcanzará plenamente en la gran atalaya del Concierto para violonchelo nº 1 de Franz J. Haydn.

Es una obra en la que se necesita mucha energía y concentración, además de virtuosismo interpretativo. De todo ello está dotada la violonchelista Quirine Viersen, con una expresiva y característica forma ejecutante. Los cuatro movimientos de esta obra fueron magníficamente interpretados; en todos ellos muestra la joven violonchelista que conoce muy los registros de su instrumento y obtiene de ello una descripción digna de elogio. Podemos destacar el Adagio, -escrito sólo para cuerda y violonchelo-, que lo hace significar como un preciosista lamento sostenido, elegancia lírica en la expresión.

[Una versión disponible, de otra intérprete, si se desea, se puede escuchar ‘pinchando’ en la siguiente dirección:

http://surscrd-musica.blogspot.com/2008/07/concierto-para-violoncello-no-1-f-j.html

Tras concluir la obra de Haydn, Quirine Viersen ofreció, fuera de programa, un solo de violonchelo que entusiasmó al público, con relevante esfuerzo, elocuente y apasionado de su buen hacer. Los sonidos en el cerebro y las manos sobre las cuerdas, con celeridad y precisión; así es la actuación de esta intérprete, que sabe hallar y producir, con su instrumento, sonidos de una belleza tal que transmite alta sensibilidad a lo que oímos. Quirine fue un modelo de energía, rigor y vitalidad.

Concluyó el concierto de la Sinfónica de Murcia con la Sinfonía nº 5 de Mendelssohn. Pero no sé si por la intensidad con que fue interpretada la anterior obra de Haydn, en la que también estuvo volcado el director, o porque esta obra de Mendelssohn expresa su religiosidad luterana, que necesita ser entendida previamente, se puede decir que la orquesta la interpretó con corrección pero, claro, el entusiasmo se había quedado con la genial y atractiva violonchelista Q. Viersen.

Un buen concierto representativo de la gran cultura centroeuropea.