viernes, 23 de abril de 2010

23 DE ABRIL: CON POLO DE MEDINA, MIGUEL HERNÁNDEZ, RAMÓN GAYA… Y MÁS.

Una madrugada más, en 23 de abril, la llamada de Sǿren Peñalver reúne a poetas, escritores y escritoras, lectores y memorias. En el jardín del museo murciano de la Ciudad. Allí acudimos, al filo de las once. Sǿren vive el momento tal como lo ha preparado: un encuentro de las palabras que quieren ser bellas y emotivas en boca de amigos y amigas, quienes escriben, leen y lo dicen.
Anfitrión y maestro de la ceremonia, Sǿren confiere humor y amor a las palabras cercanas, que derrama entre los presentes y los ausentes y, aunque todo parece previsible, acostumbra a sorprender con noticias y comentarios: es lo inesperado en la magia nocturna, le gusta moverse en la zona entrañable de lo íntimo donde lo sólido es la palabra hecha poema, el texto resonando en la paz de la noche, en la tierra fría de esta primavera tardía.
Tras la tormenta de la tarde, la Luna preside desde lo alto el encuentro, para algunos iniciático y para muchos acostumbrado y curtido donde las personas, venidas desde todos los lugares de la región, hablan, leen y recitan en la pasión de la palabra, en las “Otras academias del jardín” (como se ha titulado el encuentro de este año).
“… Y nos dieron, las once, las doce, la una,…” Hemos buscado refugio, al adentrarse la fresca madrugada, bajo el florecido pistóforo -árbol chino de azahar- que como manto tutela el espacio en el jardín del museo. Sobre las mesas, bandejas con bombones y copas de cava.
El inefable Sǿren me asigna dos poemas del barroco poeta murciano Jacinto Polo de Medina (“El mirto” y un fragmento del “Epitalamio a las felices bodas de Anfriso y Filis”) que, aunque contienen un fuerte tinte de tristeza adversa, procuro que ardan en esta noche que ha enfriado lo meteorológico.
(Sentí la calidez de una presencia cuando alguien leyó el poema del catalán Miquel Martí i Pol, “Estos profundos silencios llenos de ti”).

En este homenaje a Polo de Medina, tomando como referencia su primer libro, Academias del jardín, emergen autores en sus centenarios: Miguel Hernández y Ramón Gaya. Palabras de libros, en su día. Un encuentro como si fuera un juego, sí, pero nada tiene de simple. En este momento, además del gusto literario, entra el libro como placer, la presencia de autores del recuerdo de quienes ya nos dejaron.
Podríamos recorrer otras consideraciones porque, ante los libros, la respuesta es un cruce de variables que muestran no sólo el fondo y la forma, sino también la finalidad que le atribuimos y que trasciende más allá de nosotros.
El jardín del Museo de la Ciudad fue anoche una Academia, menos solemne que otras pero muy entrañable, que se unió a los homenajes que rememoran autores y, sin duda, propician el futuro estético de las palabras.
Volveremos a habitar el espacio de las palabras cuando Sǿren diga nuevos reclamos.

martes, 23 de marzo de 2010

EL GOZO DE CUMPLIR 90 AÑOS


"Te digo al llegar, madre,
que tú eres como el mar;
que aunque las olas
de tus años se cambien y te muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma”.



(“Madre”. Juan Ramón Jiménez)

En felicitación y homenaje a mi madre, que hoy ha cumplido noventa años, comienzo con este poema que me gusta.
Es mi madre mujer intensa, que ha pasado por muchas circunstancias de todo tipo, porque todos estos años dan para bastante. ¡Qué difícil contarlo! La vida no le ha sido fácil. Deja de atesorar los dolorosos y difíciles momentos, que ya los cuenta como para remediarlos. Aún me sorprende la perfección de sus recuerdos.

Dejando en otro lugar a la Guerra Civil y las dificultades de ese tiempo, el hambre y las penurias familiares posteriores, - que no caben en este día de hoy-, cuenta dos anécdotas que, para ella, son altamente significativas porque marcan dos hitos en su vida.
Sitúa una de ellas en el año 1931, cuando tenía once de edad. El 14 de abril le dijeron que iba llegar la República y, junto con otras niñas, fueron al puente del río… a esperarla. Mi madre concreta en ese día como en el que se acabó su ingenuidad: escarmentó, -señala ella-, y no se iba a dejar confundir; se acabó la condición inocente para creer en fantasías Y ahí comenzó el pragmatismo que la caracteriza.
La otra situación anecdótica es de presunción: es la mayor de siete hermanos y siempre ha sido mucho más fuerte, con su cabello pelirrojo, y con más entereza que sus hermanas y que todos los que componíamos la familia que ella formó junto a mi padre. Y sigue así. Da prueba de ello lo que viene produciéndose, en estos últimos años, en diversos ámbitos y lugares donde escucha reiteradamente la pregunta
- “¿En dónde hay que firmar para llegar a tu edad y mantenerse lo bien que estás?”
que le provoca risa presumida de satisfacción, ya que es bastante autónoma para caminar, alimentarse, lavar y tomar rigurosamente su medicación, además de estar puesta en el mundo y en la actualidad, sin ninguna manía o deficiencia que destacar, salvo el inevitable y evidente desgaste propio de la edad y de sus desvelos, su largo dolor que sólo es amortiguado siempre por el gusto que le da estar viva y en este buen estado.
Como hace unos días, cuando le entregaron una lámina en reconocimiento agradecido de los muchos años dedicados a labores de la Semana Santa en Ceutí.
Cada quien encuentra su ensalmo para establecer en sí mismo el empeño de seguir, como quien mira al mundo en un espejo, y reconocerlo como el mejor horizonte.
Hemos encendido las velas (un 9 y un 0) y ella las ha apagado, con fortaleza y con toda la gracia que puede poner en un soplo emocionado. Tiene todos estos años cumplidos y nos ha dado vida en cada instante de su larga y compleja existencia.

¡Felicidades, madre!

Y felices también nosotros que vivimos y te tenemos, aprendiendo cada día a quererte, para tratarte con toda consideración y cariño durante muchos años más.

[Y pongo aquí la canción de Mercedes Sosa, “las manos de mi madre”, por si queréis escucharla, “pinchar” en:
http://mimusicaya.com.ar/2837/mercedes-sosa-las-manos-de-mi-madre-letra-y-video.html ]

domingo, 21 de marzo de 2010

SALUDAR AL TIEMPO QUE SE RENUEVA: PRIMAVERA

Es primavera. Ha llegado y se nota.
Cualquiera podrá decir lo mismo, ya que está señalada en todos los calendarios, en la información del tiempo meteorológico que ofrecen los telediarios, ya que informan de sus cálculos matemáticos y fotografías de los satélites, del momento astronómico según el cual, la primavera comienza en el día cuya luz dura lo mismo que la oscuridad de la noche।. Sí, ahí no hay más remedio que estar de acuerdo aunque, como hoy, esté nublado y haga su visita la lluvia.

(Iniciamos la acogida con música, la Primavera porteña, de Astor Piazzola: http://www.youtube.com/watch?v=oqJuE8o0X_M ).

He acudido a saludar la llegada de la primavera en los lugares de mis juegos infantiles. Pero he tenido que refugiarme bajo el techado del soportal de la iglesia, en Ceutí. Es de noche y la plaza está desierta, porque del cielo cae agua cernida, en mansa lluvia. La noche es agradable, aun en el silencio del lugar y los charcos que reciben en silencio las gotas que descienden de las nubes.

Me da por considerar que, a diferencia de la crónica precisa que nos dan hecha, cada uno de nosotros acuerda que un suceso o testimonio concreto sea, reconociéndose, el punto propio y singular que se distingue de lo que es común a todos. Como es el caso de la percepción de las estaciones del año o de otros acontecimientos cotidianos.

En cuanto que diga mi referencia, es muy posible que, enseguida, el lector recurra a la suya. La diré.

Sé que es primavera porque en la casa de mi madre aparece, renovado, un nuevo olor: el de las pequeñas flores blancas, manchadas en uno de sus pétalos, en el interior, por un sobrio polen amarillento, –fresillas, las llama mi madre- que abren en el día de primavera, tras haber estado cerradas, encapotadas. Hoy, ya abiertas, esparcen su suave e inconfundible aroma por toda la casa, lo que conozco desde los primeros años de mi infancia y, ahora, una vez más, sé que ha llegado la primavera, sin la exactitud de lo cósmico, pero con el guión ineludible por el que actúan los componentes de la naturaleza que, en mi representación y medida primaveral, están en las macetas que mi madre ubica hoy en la entrada a la casa y en el patio interior. Las fresillas son, a la vez, señales visuales, de fragancia y de tributo a la estación de la explosión de los colores. Por eso sé que es el tiempo de la primavera.

Igual que colores y aromas se reproducen, resurgen con un estallido de energía y los percibimos y notamos a nuestro alrededor, así esperamos que también suceda en el interior, en la intimidad, que deseamos ver vestida, el impulso de esta fuerza renovada cada año, de alegres tonalidades y realces, que eleven el ánimo a la vez que alegran la vista. Gozar del tiempo renacido, continuar avanzando. La realidad existe y es tiempo en el que se amplían espacios y se acrecientan sensibilidades, (incluidas las alergias).

Hoy traigo las palabras que pretenden manifestar que los ricos matices de la naturaleza caminan paralelos a las sensaciones humanas. En esta atmósfera sutil de palabras de acogida, ahora que la tierra se estremece con frenesí, es tiempo de renovación, porque el lenguaje estacional habla de la vida como si de un libro se tratara al que, en cada período, le preguntáramos de dónde, de qué experiencia, de qué universo imprescindible nos enseña este diálogo incesante, a veces inclemente, sobre su inminencia, sobre el hecho cierto de que convive con nosotros. Nos alcanza a todos la inquietud que produce la vida misma, ese abismo en el que nos introducimos como si el tiempo nos estuviera acechando desde que nacemos. Que os sea grata la primavera.

(Por si queréis ‘pinchar’ y escuchar:

http://www.youtube.com/watch?v=s2lbGix2wtE&feature=related

lunes, 15 de febrero de 2010

UN LIBRO COMO UN CAFÉ: PEQUEÑO PERO CON INTENSO AROMA.


Un librito de veinte páginas, (10 cm x 15 cm), para leer en cualquier circunstancia, incluso discretamente. Es una autoedición del autor, Santiago Delgado, que me lo regala. Se lleva en el bolsillo sin que apenas se note. Es un libro de poemas por el que se puede ingresar en las verdades resultados de fuertes impresiones del autor, para lo que se hace necesaria una actitud de lectura entre la poesía y la prosa. Se puede intentar, (la prosa no es lo contrario de la poesía, sino del verso). Y así leo.
Mi metodología ha sido la de leerlo mientras tomo café, más de uno; cada poema, un café. En el paralelismo de ver si los aromas guardan analogía y reciprocidad con las palabras. Es una experiencia.
Tomamos el poema al igual que nos sirven el café en taza blanca y lo observamos. Lo leemos, como en el acto de añadir el azúcar y removemos. Con el primer sorbo comenzamos a recorrer su paisaje. Y, al concluir, cerrando sus páginas y depositándolo en la mesa, saboreamos internamente el aroma, se despliega la imaginación y alcanzamos a ver lo que no está en las palabras contenidas en el reducido y mínimo volumen. Se recorre con una actitud entre la prosa y la poesía, porque los considero poemas que narran impresiones (propios de la condición del autor narrador, donde prima la concreción, más que la ensoñación).
Santiago Delgado nos lo advierte desde la primera estrofa:

El poeta nunca sabe,
cuando escribe,

lo que pasa
El poeta escribe,
precisamente,

para esclarecer

lo que en realidad
le pasa.

De ahí que haya que tomarse un buen café, porque alrededor de su aromático sabor puede estar el entendimiento de la vida.
Santiago recuerda sus impresiones surgidas delante de un café, como una excusa, para traer recuerdos humanos, “…entre la buena gente”.
Luego nos lleva a Roma, al café de escritores y artistas: un poema de inspiración, de fundidos, de manos de alfarero y de besos al vino:
“Piensa tú lo mismo cuando / de tu taza bebas, / y acuérdate de quien amas y deseas, / pues no hay nada mejor…”


También hay momento en París, sentado en los Campos Elíseos: “Paris, con un café: nada más quiero”, en un atardecer de otoño.
El recuerdo continúa, entre la juventud y las jovencitas mujeres de antaño, de ayer mismo: “…de quien rendido admirador / vuestro fuera en tiempos idos, / muchachas en flor de aquel tiempo mío”.
Nos despide el autor, Santiago, con la consciencia sentimental del tiempo que pasa… y se va agotando. Es el último poema de este libro, “Recuerdo del Final”:
“Un día, amaneceré profundamente dormido. No lograré despertar. (…)”
Y le acompaña, siempre, la música.

Diremos que es poesía de intensidad expresiva Y, sin embargo, saltan chispas como vapuleos a la sensibilidad humana las imágenes que derrama Santiago. Puede percibirse con atención, está en el sonido de las palabras pero también en el silencio y en la resonancia que hay detrás de ellas .
Causan impacto estos poemas, como si surgieran de una revelación que impregna el aire con el aroma del café, éste siempre presente. Los versos nos llevan a un mundo donde la escritura hace presentes a lo humano y al café, al recuerdo y a los ecos de las voces y los sonidos.
Por si queréis degustar este “CAFÉ DE INVIERNO”, aquí se os da esta noticia. El librito lo tiene el autor. Pedídselo.

jueves, 7 de enero de 2010

EL 6 DE ENERO ES NOCHEBUENA… y el 7, NAVIDAD…


Z_RIZDEVOM JRISTOVIM (Feliz Navidad, en ucraniano)

Y entre el 6 y el 19 de enero, cada vez que se encuentran, se saludarán diciendo:

Jristos rodivisia (“Cristo ha nacido”), (todo esto dicho en una por mí improvisada y arbitraria transliteración pretendidamente fonética)

Sabemos que el cristianismo ortodoxo está establecido en Grecia, la Europa oriental, Rusia, Ucrania y otros países eslavos. Sus practicantes saben que cada 6 de enero es Nochebuena, trece días más tarde que por aquí.

Mis vecinos de la casa de al lado son de Ucrania. Llevan ya varios años en Murcia, trabajando en lo que pueden, para tratar de iniciar una vida más prometedora (son jóvenes) con la energía que da disponer de más dinero que allá, ahorrando aquí y volver a su Kiev natal.

Viven en un breve apartamento de alquiler. Pero, aún así, les da para reunir a los pocos familiares ucranianos, también residentes en Murcia, que comparten necesidad, ilusión y algún proyecto de mejora sustancial de vida, en esta Noche que, al igual que para los de Europa y en el occidente geográfico del planeta lo fue el 24 de diciembre, es tiempo de reunión solemne y familiar, en torno a la comida y bebida mesuradas, a la vez que llenas de significado.

Desde hace varios años, suelen invitarme, en esta Noche, a su mesa y conversación, con lo que me siento muy honrado de tal consideración y acogida. Y es por lo que, en esta ocasión, doy aquí cuenta de este acontecimiento, que ellos mismos me van describiendo, pues hablan un castellano bastante fluido.

Llamo a su puerta. Me abren y, tras los saludos y presentaciones procedentes, pasamos a acercarnos a la mesa, dispuesta con los manjares especiales para la ocasión.

Antes de sentarnos, Svetlana, la anfitriona, toma un vaso de vino y un trozo de pan que coloca tras unos libros: son para los antepasados y para aquellos que ya no están entre los vivos. Esta acción es seguida por todos los asistentes en un profundo silencio, que continúa cuando la misma señora se santigua tres veces al modo ortodoxo y, en ucraniano, reza el Padrenuestro y, a su término, pronuncia unas breves palabras que recogen el sentido de la reunión en esta noche. Tras ello, se acerca a la mesa y sirve vino blanco ucraniano en las copas. Iván, su marido, levanta la copa y pide a todos que brindemos por los familiares ucranianos. Tras este brindis, nos sentamos.

Cerca de la mesa hay tres panes y un recipiente con sal, que descansan sobre paja limpia e intocada, acompañada todo de la vela encendida: el pan y la sal que compartir, la casa y la vida.

Es el momento de ir participando de los alimentos dispuestos ya en la mesa. El plato central tradicional y obligado en Navidad es la Kutyá, y sus ingredientes son trigo preparado, nueces, semillas de amapola, miel, azúcar y agua. De su simbolismo podemos extraer que es como una plegaria para que durante un año no falte ninguno de sus componentes. Se come compartido: todos tomamos con nuestra cuchara del cuenco que lo contiene. Hasta la Navidad próxima no se volverá tomar. (Aunque también es costumbre que la dueña de la casa haga mucha cantidad, para que sobre y que cada comensal, al abandonar la casa, se lleve un pequeño recipiente y lo siga degustando al día siguiente en su casa).

Además del imprescindible kutyá, en la mesa hay 12 variedades de alimentos preparados por quien nos da acogida: uno por cada apóstol de Cristo. Hay pescado cocinado o salado, empanadas vegetales, ensaladas y verduras. No hay carne, porque es noche de comida sencilla y ligera. Así me lo dicen.

Durante la cena hablamos de cuestiones diversas, desde el intenso frío en Ucrania y lo templado de Murcia hasta de las costumbres tan distintas en uno y otro país. Y de las diferencias entre la celebración ucraniana y la española.También sale a la conversación la formación académica de cada cual. Así, Svetlana es economista de grado medio universitario pero aquí es empleada de servicio doméstico. Su marido (hombre habilidoso en instalación y mantenimiento de aire acondicionado, instalaciones eléctricas y otras actividades concomitantes) tiene los estudios equivalentes a lo que pudiera ser un tercer ciclo de Electricidad en la Formación Profesional de España. Bogdan, el hermano de Iván, es ingeniero técnico en tecnologías medioambientales y alternativas. Petre es mecánico titulado y en España conduce un camión. Las otras dos mujeres se llaman Olga ambas. Una, la madre de Iván, tiene estudios equivalentes al bachillerato español; aquí trabaja en una fábrica de conservas. Y la otra es diplomada en Arte, pero en Murcia trabaja de cuidadora interna en casa de unos eclesiásticos católicos.

También hablamos de política, ¡cómo no! Pero esto mejor dejarlo sin contar; no por nada, sino porque, al sacarlo de contexto, pudiera ser inadecuadamente entendido o no muy ajustadamente interpretado; teniendo en cuenta la diferente historia de cada territorio. Pero, eso sí, puedo decir que resultó bastante animada, ya que son conocedores de ambos sistemas políticos. Y de los efectos de la tan consabida crisis.

Después se habló de cuestiones más ligeras, con relato de anécdotas ocurridas en sus lugares de trabajo, o cuando les confunden con gente de otras nacionalidades. Porque como, además de ucraniano, tuvieron que aprender ruso, cuando hablan con otras personas del Este europeo se les adjudica la misma procedencia o patria. Todo ha resultado muy animado, incluso divertido.

La noche avanza y no puede hacerse larga. Todos hemos de madrugar al día siguiente, aunque para ellos sea Navidad. Han evocado su tierra en la que se reconocen, también a quienes echan de menos, destapando el pequeño baúl emotivo que contiene todo ello. En sus miradas y en sus palabras late la ambición por mejorar y regresar, los buenos propósitos, aunque manifiesten que en Murcia se encuentran bien. Se abrió la noche con la conversación llena de confianza amistosa, de convivencia en las diferencias, de confluencia en humanidad. Para mí ha sido un privilegio.

viernes, 1 de enero de 2010

CONCIERTO DE AÑO NUEVO, DESDE VIENA




Se podría comenzar con un apunte para la reflexión sobre el hecho musical, a la vez extraño y maravilloso. Hay innumerables y razonadas teorías sobre el nacimiento y el por qué de la Música, de la que seguimos opinando que es un lenguaje sorprendente, completo y no exento de misterio encantador sobre su necesidad y consuelo ante los avatares de la vida. Y que la Música puede ser interpretada en múltiples y heterogéneas expresiones. La de hoy está impregnada de delicias acarameladas y de seducción placentera, en un juego desenfadado.
En este 1 de enero, una vez más, la Sala Dorada del Musikverein vienés ha acogido la bienvenida musical al nuevo año con el tradicional concierto que ofrece la Filarmónica de Viena.
Escribir de ello es también contribuir, al fin y al cabo, a la mayor gloria del Concierto, que no necesita precisamente de ecos muy modestos, como puede ser éste. Pero también hay que concederse este tipo de placeres.
1.- El programa.

La apertura del concierto ha supuesto comenzar en la cumbre, con la opereta Die Fledermaus, (El Murciélago,
http://www.youtube.com/watch?v=4YBhKx1bkEM&feature=related), de Johann Strauss hijo. Además de la alegría musical, es una llamada optimista a la superación de las dificultades personales y sociales.
Ya se cuenta con que el Concierto de Año Nuevo ha de ser amable, agradable y desenfadado, con polcas y los valses de la familia Strauss (Johann, padre e hijo, Josef y Eduard). Así, hemos gozado con “Corazón de mujer”, “Vino, mujeres y canciones”, donde puede apreciarse las descripciones y expresiones de lo tempestuoso a la vez que alegre, de lo fogoso en el amor y en la danza. En este tono, cabe destacar tanto “En los Bosques de Krapfen”, con estilo bucólico a través de los cantos de pájaros (digámoslo: ‘instrumentación ornitológica’); y, para cerrar la primera parte, el “Perpetuum mobile” (el móvil perpetuo, como máquina hipotética que sería capaz de continuar funcionando eternamente), donde los diferentes instrumentos se han ido relevando en mantener el movimiento continuo, hasta que Geogres Prêtre ha mandado parar diciendo: “Etc., etc.,… ya es suficiente…”. Y ¿qué decir, ya en la segunda parte, de los “Bombones de Viena”, música dulce que se materializa en la mirada a los expositores de las confiterías vienesas que nos han mostrado? Lo mismo que la sensual música de la obertura de “Las alegres comadres de Windsor”, de quien fue fundador y primer director de la Filarmónica, Carl Otto Nicolai (1842–1848), y la variación sobre “Las sirenas del Rhin”, con la música que apunta a la barcarola de Offenbach, con su mecido que se alterna desde los oboes y clarinetes, pasando por los metales hasta la cuerda,(
http://www.youtube.com/watch?v=KEiZ-J97O5A&feature=related).
Y, claro está, todo con estas maneras y pátinas afables y almibaradas, en las que no desmerece en esta delicada línea la inclusión de dos aderezadas piezas de ballet, trenzadas en los fastuosos salones del Museo d
e Historia del Arte de Viena que han mostrado las cámaras.

Concluido el programa oficial, se ha interpretado, como propinas, la polca “A la caza” para, a continuación, los acordes del vals por antonomasia, El Danubio Azul, (http://www.youtube.com/watch?v=oPDVfTyJTzE&feature=related), con las imágenes del recorrido del río. Para concluir con la animada Marcha Radetzky, en la que palmean los asistentes.

2.- El Director.
Dirigir el Concierto de Año Nuevo supone uno de los mayores reconocimientos en el mundo de la música clásica. En Viena se considera y reverencia a quien dirige la orquesta. (Así lo hemos visto en el reportaje documental en torno al Concierto).
En esta ocasión, por segunda vez, el francés Georges Prêtre vuelve a ponerse al frente, quien a sus 85 años es el de mayo
r edad de los directores del famoso concierto. Prêtre tiene oficio, y los años de experiencia le permiten, sin problemas, dirigir de memoria y tarareando las notas y claves, mostrándose histriónicamente, con marcada gesticulación; por lo que, además de dirigir, se lo pasa bien, por lo que sólo ha usado la batuta en contadas ocasiones en que la precisión instrumental lo requería.

3.- Documental y glamour.
La ausencia de publicidad en la retransmisión ha permitido ver la emisión completa. El interesante documental ha mostrado aspectos de cómo se hace este espectáculo, desde los ensayos musicales al proceso de diseño y confección de los elegantísimos y refinados vestuarios que el modisto italiano Valentino ha diseñado para las bailarinas, que lucían un original y llamativo diseño en las piezas coreográficas bailadas desde el Museo de Historia del Arte vienés.
El espectáculo anual se ofrece mediante una muy cuidada organización perfectamente destinada a conseguir dosis crecientes de ceremoniosa gala plena de glamour, expuestas a las miradas y oídos durante dos horas, difundiendo la sensación de un mundo feliz que emana de estos arquetipos musicales.
A la elegancia del vals ha seguido el definitivo y animado fin de fiesta de la Marcha Radetzky, (
http://www.youtube.com/watch?v=YlSDiQjNtuA) durante la que Prêtre se ha desdoblado para dirigir a los músicos en sus compases y al entusiasmado público en las palmas, como memorable fiesta de Año Nuevo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

“VOLUNTAD Y RESPONSABILIDAD EN HANNAH ARENDT”


Según la pensadora Hannah Arendt, los filósofos no investigan la naturaleza humana sino experiencias humanas. Su investigación consiste en identificar tanto capacidades humanas básicas como rasgos fundamentales del mundo.
Así se dice en una referencia a pie de página del libro presentado en el aula de cultura “Las Claras” (fundación Cajamurcia), el pasado 15 de diciembre. Su autor es Ángel Prior Olmos, catedrático de Filosofía en la Universidad de Murcia, con el título “Voluntad y responsabilidad en Hannah Arendt”, (editado por Biblioteca Nueva, Madrid, 2009).
Dicha así la noticia, con esta formalidad, pudiera hacer replegarse a algunos lectores, y que se sientan ajenos a lo que, desde el título, pueda ofrecerles este volumen.
También, si avisamos de que se trata de volver a recorrer y analizar los orígenes y consecuencias de los gravísimos hechos acaecidos en años centrales del siglo XX -1933/1945- en la Europa civilizada, por los que el mundo se estremeció con los horrores del holocausto y de una guerra mundial; donde hubo significativas y cruciales acciones, inhibiciones e ignorancias más o menos voluntarias, y emergieron diferentes y contradictorias actitudes éticas ante la humillación y muerte de millones de seres humanos por agentes del poder nazi y sus cómplices, puede ser que no se desee recorrer ese itinerario tan estremecedor.
Pero está ahí, con sus consecuencias éticas. Ignorarlo es desconocerlo y, dejándolo a la intemperie del paso del tiempo, puede conducir a considerar que es algo ajeno a las personas del siglo XXI, para quienes todo ello queda difuso en la lejanía del pasado. Se ha dicho y escrito muchas veces que olvidar la historia es una condena a repetirla.
Es cierto que no estamos ante un libro destinado al gran público. Es un texto para la observación, el análisis y el debate abierto entre personas y profesionales en la ponderación de hechos y actitudes y de sus planteamientos éticos.
Más que de divulgación, este libro contiene itinerarios sobre los que investigar desde la perspectiva que da el paso del tiempo, aportaciones por las que volver a pensar en los hechos, en cómo fue posible tal barbarie y, más aún, cómo, ante la novedad de la acciones de extrema violencia organizada contra las personas –es la primera vez que ocurre en la Historia de la humanidad-, cómo los intelectuales adoptaron posturas diversas, enfrentadas y casi irreconciliables.
Sobre los hechos del período de referencia y de los juicios posteriores, reflexionó la pensadora Hannah Arendt, testigo atento de todo ello, poniendo al descubierto el eclipse de la conciencia ante el mal (banalidad del mal) y no sólo por los ejecutores directos, -convencidos de que no tuvieron culpa, ya que ejecutaban órdenes- y, por tanto, hasta considerar la ausencia de responsabilidad tanto en los autores como en el pueblo alemán, ante la magnitud del exterminio de seres humanos. Y que puso en cuestión, además del significado de la convivencia y la práctica de la Ética, el sentido del pensamiento, el por qué y para qué de la filosofía, de la política, del derecho, de la cultura y del arte.
Esto dio origen a debates y controversias que aún perduran y que se hace conveniente abordar, opinar fundamentadamente.
Es lo que hace el autor del libro, Ángel Prior.
En el acto de presentación intervino, en primer lugar, Cristina Sánchez Muñoz, (profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y experta en Hannah Arendt), quien recorrió los aspectos nuevos que aporta y supone la obra La vida del espíritu, (de H, Arendt), considerada por algunos especialistas como confusa e inconclusa, así como la comprensión de los problemas políticos en la construcción de una estructura de pensamiento y acción. También a la reivindicación de la acción política que, para Arendt, nos hace verdaderamente humanos. La profesora Sánchez Muñoz continuó su recorrido y señalamiento de otros temas de Hannah Arendt: el desarraigo, el aislamiento, la responsabilidad y el Mal. Sobre esto último relacionó las obras de la pensadora alemana Eichman o la banalidad del mal y La vida del espíritu, y sus escritos en torno a la
responsabilidad y al juicio.
Sobre la obra que se presenta, Cristina Sánchez señala que A. Prior muestra a una H. Arendt que ha vivido el ocaso del totalitarismo, ya es una situación postotalitaria, en donde puede preguntarse por los efectos políticos del pensar: “¿Qué hacemos cuando no pensamos?”

A continuación, intervino el catedrático de la Universidad Complutense, José Luis Villacañas, quien señaló que el libro de Ángel Prior tiene la virtud de aparecer de una manera libre preocupándose por el presente y sus raíces; y que eso es lo que debe hacer todo libro de Filosofía. Apunta la importancia del capítulo II y su exploración sobre M. Heidegger. Y que el libro que aquí comparece contiene importante materia y vigoroso contenido: el concepto del nuevo delito, la consideración sobre la banalidad del mal y lo que es determinante: ¿cómo vive el mal una sociedad banal? El profesor Villacañas destacó, además de los conceptos del pensar y de la voluntad, la importancia y el acierto de las notas a pie de página en el libro, desplegando un intenso ejercicio intelectual de exposición y relación de los ejes fundamentales del libro de Prior con el pensamiento y los pensadores que concurren (S. Agustín, Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Max Weber,…).

Concluyó el acto con las palabras del autor, Ángel Prior, para quien su libro es un diálogo fascinante con Hannah Arendt, de quien cabía esperar su investigación sobre el juicio y, tras el final de la Metafísica, ¿cómo reconstruir la Filosofía? Señaló también las dificultades de la obra de Arendt en general. En el libro, el autor señala, por una parte, el impacto que causó a Arendt la figura de Eichman, y que se traduce en la expresión ‘banalidad del mal’; y, por otra, las dudas sobre la naturaleza pasiva de la forma de vida contemplativa.
Destacó la importancia de la relación entre moralidad y política, que constituye uno de los temas decisivos de la obra de la autora. Y en cuanto a las conexiones entre las obras Eichman en Jerusalén y La vida del espíritu cabe establecerlas en torno a la cuestión de la responsabilidad (responsabilidad jurídica de Eichman, así como la de todos aquellos que intervinieron en la máquina nazi de la muerte). También la responsabilidad moral de los Consejos Judíos o de los ciudadanos de los países de Europa, en la medida en que se doblegaron o resistieron ante la dominación hitleriana. La base del análisis radica en la idea de “poder no haber hecho lo que se hizo”, lo que remite a las ideas de contingencia y voluntad.
Para terminar con la noticia, saludamos con agrado la aparición de este libro pues, con obras y trabajos como el de referencia, se hace presente y persiste la necesidad ética de ir más allá de lo que vemos, afilar la mirada y traspasar los límites de las apariencias, a través del pensamiento y el diálogo.