viernes, 27 de marzo de 2015

EL Teatro como conocimiento y comprensión, más allá del espectáculo.

Un año más, desde 1962, se dedica un día a poner al Teatro en la atención y en la tensión. Cada quien en su sitio. El Teatro como interpretación viva, en directo y en relieve, de lo que es la vida, de todos los tiempos: lo que fue, lo que será y, sobre todo, lo que vivimos en el presente.
Todos los días lo son del Teatro. Que haya uno específico, el 27 de marzo, no es sino un aguijón: como vida que es late, escuece y agrada. Hay quien dirá que es el entusiasmo lo que me lleva a decir esto. Y que está la otra cara de la moneda: dónde los apoyos de quienes pueden y no se dan.
Quizá convenga ocupar el asiento, tras abonar la entrada, como signo de verdadero apoyo al Teatro, más de un día señalado; porque sí. Es lo cercano, lo que conocemos y lo inmediato. Sí, tenemos como referencia que las personas del teatro representan un papel; pero, ¡ah!, reflejan y exponen lo que es eso que ligeramente llamamos “la sociedad”. Porque el Teatro, la obra donde confluyen tan y tan diversos artistas, desde los actores hasta los pintores y carpinteros, los tramoyistas, los de luz y sonido, los elementos de atrezzo… no es sino la vida misma, y que sus resultados los vemos en directo: la palabra del autor en boca y gesto de los actores y actrices, que crean el espectáculo con la ambientación de la ingeniería de tantos implicados. El Teatro dice lo que somos, y también nos cuenta la historia, y cómo permanecen las ideas y modelos; con la indicación del futuro que va viniendo.
  
Ir al Teatro para ser lo que somos, y comprobarlo. Una persona que pasa y otra que mira, y que ve su ‘historia’, decía Peter Brook.
Las artes escénicas son un espacio donde se da acuerdo universal. Cada persona tiene sus problemas, pero siente  la necesidad de sentarse ante la historia que le cuenta un semejante, para entenderse a sí mismo y al ser humano. Se trata de hacer sencillo lo complejo y, sobre todo, de que actores y espectadores gocen con ello.

El Teatro, como Arte que es, no tiene por qué contar la Historia como fue, sino que se haga a través de los personajes, que ocupen el espacio conforme a como es la complicidad con el espectador: la pasión de su vida. El Teatro no es mentira, pues hasta llega a ser verdad, en el buen hacer de los actores. El Teatro entrega pensamiento, acción y emoción, poesía y turbación. La vida propia en la interpretación del otro.

Y es esencial, indispensable e irreenunciable el Teatro para Niños: educar desde el principio.

¿Puede el Teatro hacernos mejores? Difícil respuesta a la que no me atrevo, por lo de argumento ético. Pero si se puede decir que abre horizontes nuevos, o, al menos, ilumina aspectos del paisaje interior de cada cual. El Teatro no es insustancial ni inactivo: mueve las mentes y los cuerpos y habla de las cosas que afectan al espectador, de todas. Por eso hay que ver todas las obras teatrales que se pueda. Para sacudirnos de la modorra social, política y económica. Es el arte como deleite, como gozo. Y también como modo de lucha y resistencia. Vivir el Teatro es sinónimo de libertad. Y protestar. Tomemos la voz, la palabra y la imagen para que sea más accesible y asequible el Teatro.
Celebrar el Día Mundial del Teatro puede minimizarse y considerarlo sólo una apariencia. Hay que considerarlo en lo que, también entre otras cosas, es una agitación: el Teatro tiene esencia y práctica inconformistas; y su aldabonazo tiene largo eco. Y es una llamada para que el espectador se mantenga acuda, a la vez que se atraiga a nuevas asistencias.

En todas sus modalidades y manifestaciones, queda mucho por hacer, no hay lugar a sentirnos satisfechos,
¡Viva el Teatro!

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(Como sencillo homenaje al Teatro, reproduzco aquí una escena de “El Alcalde de Zalamea”, de Pedro Calderón de la Barca, que siempre me ha gustado este diálogo).

[Final de la Jornada II].-


Conflicto y Controversia:  Pugna entre el Poder y la Ética.

CRESPO: Entraos allá dentro.
[Vanse ISABEL, INÉS y JUAN].

Mil gracias, señor, os doy
por la merced, que me hicisteis
de excusarme una ocasión
de perderme.
LOPE: ¿Cómo habíais,
decid, de perderos vos?
CRESPO: Dando muerte a quien pensara
ni aun el agravio menor.
LOPE: ¿Sabes,
           ¡vive Dios!, que es capitán?
CRESPO: Sí,
¡vive Dios!,
y aunque fuera él general,
en tocando a mi opinión
le matara.
LOPE: A quien tocara
ni aun al soldado menor
sólo un pelo de la ropa,
¡por vida del cielo!, yo
le ahorcara.
CRESPO: A quien se atreviera
a un átomo de mi honor,
¡por vida también del cielo!,
que también le ahorcara yo.
LOPE: ¿Sabéis que estáis obligado
a sufrir, por ser quien sois,
estas cargas?
CRESPO: Con mi hacienda,
pero con mi fama no.
Al rey la hacienda y la vida
se ha de dar; pero el honor
es patrimonio del alma,
y el alma sólo es de Dios.
LOPE: ¡Juro a Cristo!, ¡que parece
que vais teniendo razón!
CRESPO: Sí,
¡juro a Cristo!, porque
siempre la he tenido yo.
LOPE: Yo vengo cansado, y esta
pierna, que el diablo me dio,
ha menester descansar.
CRESPO: Pues,
¿quién os dice que no?
Ahí me dio el diablo una cama,
y servirá para vos.
LOPE: ¿Y dióla hecha el diablo?
CRESPO: Sí.
LOPE: Pues a deshacerla voy,
que estoy,
¡voto a Dios!, cansado.
CRESPO: Pues descansad,
¡voto a Dios!

LOPE: (Testarudo es el villano;
también jura como yo.)

CRESPO: (Caprichoso es el don Lope

no haremos migas los dos.

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[Leamos Teatro]


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